lunes, 19 de julio de 2010

Meditación del 19 de Julio

"Elías era un hombre sujeto a pasiones, igual que nosotros, pero oro con insistencia para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses" (Santiago 5:17).

La oración es un instrumento poderoso, el creyente puede prevalecer con el Creador.

Demos un breve recorrido escritural con la intención de mover y aplicar tu corazón al deber de la oración, porque aun cuando seas débil en tus deberes, por medio de la oración y la Gracia de Dios puedes convertirte en un alma fuerte.
La oración es un mensajero directo de la tierra al cielo: "
Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré" (Salmo 5:3). David enviaba su correo o su mensajero por la mañana, dirigida a la corte celestial.


La oración conmueve las entrañas de Dios. "¿No es Efraín hijo precioso para mi? ¿
no es niño en quien me deleito? pues desde que hable de el, me he acordado de el constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por el; ciertamente tendré de el misericordia, dice Jehová" (Jeremías 31:20). Cuando Dios oyó el quejido de Efraín, se condolió, porque nuestro Señor sufre y se compadece de nuestras dolencias.


La oración despierta a Dios, cuando nos parece que en relación con Su providencia como si estuviera dormido. "Despierta; ¿por qué duermes, Señor? Despierta, no te alejes para siempre" (
Salmo 44:23). Como si la oración pusiera al Creador a ejecutar los nobles actos de Su omnipotencia, como si lo despertáramos para que ponga en acción y ejecute lo que rogamos.


La oración nos amarra de Dios. "Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti" (Isaías 64:7). Como si nos atara con cadenas a las promesas y declaraciones que el Señor ha dicho de Su buena voluntad hacia nosotros.

Al considerar cuán poderoso el instrumento, ahora podemos entender el por qué el Enemigo procura con tanto interés desanimarnos o deprimirnos para que no oremos. Se emplea a fondo con distracciones y pensamientos para abatirnos, turbarnos y que no oremos.


Si todo esto es verdad, y lo es, recuerda lo siguiente: aún cuando seas débil en los dones, aunque tu corazón esté frío y duro, aunque estés bajo muchas distracciones, aunque parezca que el Señor esconda su rostro a tus oraciones, aunque el Señor parezca enojado contigo, aunque haya incredulidad en tu deber y egoísmo en tus peticiones, aunque tu corazón no esté preparado de acuerdo a las preparaciones del santuario, aunque seas una persona de muchas pasiones, en fin, no obstante fuera cierto todo lo anterior, no tienes causa justa para estar deprimido, paralizado o desanimado. Todo lo contrario, es de estímulo al deber esencial de orar siempre a Dios.

Digamos pues como el salmista: "Por eso orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado. Ciertamente en la inundación las caudalosas aguas no llegarán a él" (
Salmo 32:6).

AMEN.

P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org

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