martes, 16 de febrero de 2010

Meditación del 16 de Febrero

"Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también esta muy turbada" (Salmo 6:2).

La debilidad es una de las razones que mueve la gracia de Cristo, y hace que el Señor derrame Su bondad para con sus hijos. El texto habla de una debilidad externa, una enfermedad, cuanto más será Dios compasivo hacia una debilidad interna, de la fe, lo cual glorifica mucho Su poder.


Es evidente que se trata de una debilidad mayor, del alma de uno de sus hijos, quien clama por ayuda para amar más al Creador y crecer en un interés más fuerte por su Salvador y el bien de Su reino. Pero aun cuando tu fe sea muy débil, si es verdadera, recuerda que
tienes un gran interés y porción en Cristo -como lo tiene el fuerte- pues a ti se te ha imputado la misma justicia de Cristo como a los otros; ellos no tienen ni más ni menos que tú. Lo que sí puede ocurrir es que al recoger el mana celestial, hayas recogido menos para tu santificación.


Mira este pasaje: "Esto es lo que Jehová ha mandado: Recoged de ello cada uno según lo que necesite para comer: un gomer por persona. Cada uno recogerá según el número de las personas que están en su tienda. Así lo hicieron los hijos de Israel. Unos recogieron mas, y otros menos. Lo midieron por gomer; y al que recogió mucho no le sobro, y al que recogió poco no le falto. Cada uno recogió según lo que necesitaba para comer" (Exodo 16:16-18). Cuando Dios alimentaba, les daba maná según el comer de cada hombre, cada uno de ellos podía comer tanto como pudiera seguir comiendo, es decir que el Señor no les reducía la porción, y si alguien no comía lo suficiente ya no era por causa de Dios, sino que esta persona no deseaba o no podía comer más; pero los que querían y podían hacerlo, eran más fortalecidos.

Traducido al plano espiritual, el fuerte en la gracia tiene disponible la misma porción de comida espiritual que el débil en cuanto a lo dado por Cristo, ambos han recibido completa la justicia de El que es una sola, o que todos los creyentes en Cristo tienen el mismo maná espiritual.


Ahora bien, la profecía nos revela que el Evangelio fue diseñado para los débiles: "El Espíritu del Señor Jehová está sobre mí, porque me ha ungido Jehová. Me ha enviado para anunciar buenas nuevas a los pobres, para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y a los prisioneros apertura de la cárcel, para proclamar el año de la buena voluntad de Jehová y el día de la venganza de nuestro Dios, para consolar a todos los que están de duelo, para proveer a favor de los que están de duelo por
Sión y para darles diadema en lugar de ceniza, aceite de regocijo en lugar de luto y manto de alabanza en lugar de espíritu desalentado. Ellos serán llamados robles de justicia, plantío de Jehová, para manifestar su gloria" (Isaías 61:2).


Y en el Nuevo Testamento será posible estar claramente persuadidos que la lluvia copiosa de las promesas de bendiciones es sobre los débiles: "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos ..." (
Mateo 5:3-12). No dice que la bendición sea para los fuertes en gracia, sino para los pobres y débiles; esto no significa que no hayan bendiciones para los fuertes -claro que las hay- ya la están disfrutando, el árbol fuerte y sembrado junto a corrientes de aguas no necesita tanto la lluvia abundante como el árbol débil y sediento.

El principio de la gracia celestial opera así, mira este mismo principio de compasión a los débiles en este texto: "Os digo que así habrá mas gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento" (Lucas 15:7).

Las bendiciones no son solamente para los fuertes en la gracia ni para los que tienen total seguridad de su condición eterna, sino para débiles y quebrantados. Este es el centro de Su divino oficio: levantar a los caídos, salvarlos.

Alguno pudiera decir que su propia debilidad está mezclada con el pecado, de tal modo que la llama de lo divino que hay en mí apenas humea, al borde de apagarse, le falta fuego; y a tu inquietud traemos la divina respuesta: "La caña cascada no quebrará, y el pabilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio" (Mateo 12:20). Habla de victoria, Cristo luchará con fuerza y violencia hasta obtener el fin de nuestra fe, la salvación final. Cristo forzará la victoria contra toda oposición, de manera que Cristo da la promesa y lucha con denuedo por ella.

Además, nuestra propia experiencia revela la seguridad del favor de Dios hacia los débiles. Para nadie es un secreto que los padres son más tiernos, cariñosos y ayudadores con los hijos débiles que con los hijos fuertes. Los papás no suelen besar a los hijos ya crecidos, pero cargan en sus brazos y acarician y besan mucho a los bebés. Y la parábola del hijo pródigo es la ilustración
escritural que corresponde a este caso, nótese: "Se levantó y fue a su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre le vio y tuvo compasión. Corrió y se echo sobre su cuello, y le besó. El hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero su padre dijo a sus siervos: Sacad de inmediato el mejor vestido y vestidle, y poned un anillo en su mano y calzado en sus pies. Traed el ternero engordado y matadlo. Comamos y regocijémonos, porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado. Y comenzaron a regocijarse" (Lucas 15:20-24). El padre se le echó al cuello cuando le vio, y cómo derramó su amor hacia aquel que le había tenido como muerto, y un muerto es la situación extrema de debilidad.


El amor más fuerte de Dios es con los niños de Cristo, como está escrito: "Los enfermos (los débiles) necesitan de médico, no los sanos."
La misericordia condescendiente es grande y dulce, precisamente la que Dios expresa hacia nosotros los débiles, y lo hace por medio de nuestro amoroso y compasivo Sumo Sacerdote Cristo - Jesús. Amén.

P.Oscar Arocha. www.ibgracia.org

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