lunes, 14 de junio de 2010

Meditación del 14 de Junio

"Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien" (Tito 2:3).


El carácter de estas ancianas se describe en dos deberes: "reverentes en su porte y maestras del bien", y se prohíben dos vicios o cualidades negativas: "no calumniadoras, no esclavas del vino".


"Las ancianas", su primer significado se refiere a mujeres de edad en la congregación, pero más particularmente a quienes han mostrado por buen tiempo vida de santidad. Son llamadas a ser maestras para las que vienen detrás en el llamado celestial que se ha hecho a todas.

Las que más han andando "en luz" tienen la responsabilidad de ayudar a las que menos conocimiento tienen, porque se supone que conocen más de Dios. El verso no se refiere a pastoras de una congregación porque Dios no ha puesto nunca a mujeres en tal oficio. Una mujer como pastora de la iglesia sería, aparte de indecoroso, una aplicación errada del servicio cristiano. El texto se refiere a ancianas de edad en la fe, porque en el (v.7) se dirige especialmente a los pastores y Tito es el caso particular.


Muchas mujeres se esfuerzan en dar una imagen que no es real; una inclinación a enfatizar la apariencia. Se ocupan de modas y vanidad. El mundo explota esta debilidad femenina y les ha dado una revista con ese mismo nombre: "Vanidades". Pero el apóstol no habla sólo de apariencia, el "porte" referido aquí es aquel que se muestra por causa del temor a Dios, vivir por principios espirituales y no por impulsos carnales.

Un porte reverente es fruto de la disposición del alma que busca agradar a Dios y se muestra principalmente en el aspecto de la cara, en el hablar y en la ropa. Que el aspecto, los gestos y la apariencia testifiquen de la castidad de mente.

En el mundo la esposa de un presidente sería muy censurada por una falda corta y ajustada; una mujer cristiana debiera estar muy por encima de una moralidad así. Sobre esto dice David: "Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiados sublimes para mi" (Salmo 131:1). La humildad de corazón puede probarse según lo que tus ojos buscan.


Cuán triste y heridor del espíritu cristiano sería ver a una mujer cristiana, madura y en algunos casos con hijos crecidos y hasta con nietos, hablar con descortesía, ser dura de rostro, vestir ropa ajustada, cinturones anchos de la última moda, etc., queriendo dar una imagen de jovencita
más que de santidad.

Se espera que las hermanas mayores de edad estén en condiciones de poder enseñar a las mas jóvenes. Están llamadas a ser ejemplos de humildad y santidad, no de orgullo o colocarse carnalmente sobre otras sino de recato y moderación en todo. Que tenga hábito de santidad como fruto de principios santos en su alma, sin esforzarse en querer ser maestra.

Una anciana es una mujer de hablar santo que refleja sabiduría, gracia y modestia de corazón.

Amén.

P.Oscar Arocha, www.ibgracia.org

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