viernes, 11 de junio de 2010

Meditación del 11 de junio

“El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia que el que lisonjea con la lengua” (Proverbios 28:23),

Para nadie es un secreto que vivimos en una generación donde la pecaminosidad ha llegado a niveles escandalosos, de desenfreno, de mucha maldad oculta y manifiesta.

Coloca al creyente en situación de peligro contra su fe, tanto en lo creído como en lo practicado. Los verdaderos creyentes no están exentos de ser contagiado con el mal del mundo.

Cuando esto sucede no significa que la ley de Dios ha sido cambiada, sino que el modo de vivir del mundo afecta nuestro buen juicio.

Cuando hay mucha maldad el pecado es corriente, menos odioso, y el amor se enfría. Familiares que llevan una vida escandalosa, por ser objetos de nuestro amor filial, le vemos menos aborrecibles. Nos contagiamos. Ese contagio se hace general, toca casi todas las áreas de la vida piadosa.

El sentido correcto de lo espiritual se hace tan nublado, que el juicio se pierde.

Una de las áreas afectadas es la amistad, se pierde el concepto de lo que ello significa.

¿Qué es amistad?

El sabio dice: “El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia que el que lisonjea con la lengua”. Habla de la amistad entre dos personas, y que esta puede ser fingida o verdadera.


“El que lisonjea con la lengua”. Es evidente que se trata de una relación amistosa de alguien con su prójimo. Somos criaturas sociales y necesitamos no sólo tener amistad, sino también cultivarla. Este hombre ha hecho bien, su falla fue en cómo lo hizo, se valió de la lisonja.


¿Qué es una lisonja?

Lisonja (del hebreo chalaq) tiene por significado primario dividir, se usó esta palabra cuando Jacob vino al encuentro con Esaú, dividió el campamento en dos, tal es su uso ordinario.

Pero en sentido moral significa debilitar el alma ajena: “El hombre que lisonjea a su prójimo le tiende red ante sus pasos” (Proverbios 29:5). La lisonja coloca a su prójimo en situación adversa, de peligro o debilidad.

Lisonja es el conjunto de palabras que se emplea para adular al amigo, motivo para que el otro se envanezca, y esto por medio de un falso cariño o adulación.

La lisonja es mala, no sólo porque sale de un corazón dividido, sino también porque incita al otro a malos deseos.

Por medio de la lisonja llevamos al otro a ignorar su realidad. Lo hundimos en tinieblas o ignorancia, y peor aún cuando allí toma decisiones injustas contrarias al bien de su alma.

Un santo del pasado dijo: “Estaré en mayor problemas por elogios injustos, que por injustas difamaciones”. La lisonja no es pequeño mal. La difamación es cierto que debilita el alma (Nehemías 6:10), y uno lo nota; eso me lleva a orar. Pero la lisonja debilita también y uno no se da cuenta de su mal. Es peor.


Si no reprendes a tu hermano cuando fuese necesario, tu amor es deficiente y tu fe cuestionada. ¿Sabes? Una de la causas para no amonestar al hermano es porque nos parece que perderíamos su amistad, y es cierto, es muy posible que la perdamos por un tiempo.

Pero si el otro es honesto y ama a Cristo, volverá a nosotros, y lo que pareció pérdida vendrá con el pago del principal más los intereses.

Ten muy presente que quienes confían en Jehová no serán avergonzados para siempre, tal vez por un tiempo pero no más.

Amén.

P.Oscar Arocha, www.ibgracia.org

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