domingo, 20 de febrero de 2011

Proverbios 18:19

El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte, y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar.

El proverbio parece extremo. ¿Será tan difícil reconciliar a un hermano ofendido? ¿Tan poca esperanza de recuperación?
Salomón enseña que una vez hemos ofendido a un hermano, casi estamos sin esperanza.
Señor, ¡ten misericordia!

¿Por qué la ruptura es tan severa?
Es ley natural que ofender a quienes nos aman puede crear odio. Porque nos han dado afecto, lealtad, servicio y confianza, la ofensa penetra hasta lo más íntimo y requiere mayores reparaciones que si lo hubiera hecho alguien extraño.
Pequeñas ofensas encienden fuegos maritales o familiares, aunque tales ofensas fueran insignificantes y fácilmente ignoradas en otro tipo de relaciones.

Caín mató a Abel. Esaú buscó acabar con Jacob. Los hermanos de José lo vendieron como esclavo. Abasalón planificó durante dos años la muerte de su hermano Amnón.
Pablo y Bernabé en su segundo viaje misionero discutieron fuertemente sobre Marcos. Pablo no podía olvidar la deserción de Marcos en su primer viaje. Bernabé, tío de Marcos, se ofendió por el rechazo de Pablo. Dos grandes santos, compañeros cercanos, se fueron por caminos diferentes.
Señor, ¡ten misericordia!

La sabiduría consiste en evitar ofensas entre hermanos, especialmente en la iglesia. Puesto que es tan difícil recuperar una relación cercana, lo mejor es evitar ofensas en primer lugar. ¿Has ofendido a otro? Busca reconciliarte tan pronto como puedas. ¿Eres tú el ofendido? Procura pasar por alto la transgresión o sigue el procedimiento ordenado para resolverlo.

El proverbio enseña una ley natural. No es justificación para ser lentos en perdonar a ofensores. Tampoco es justificación para abandonar a quienes están heridos.
El hombre espiritual no vive bajo leyes naturales.
Vive por el Espíritu de Dios, quien le enseña a ser lento para la ira y rápido en perdonar.
Señor, !ten misericordia!

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