miércoles, 17 de noviembre de 2010

Meditación del 17 de noviembre

“No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios” (Eclesiastés 7:9)
 
La ira impropia destruye la paz de quien a sí mismo se lo permite.

Los hombres más miserables son aquellos que siempre tienen agitación de espíritu, sus sentimientos son como las olas del mar que no se están quietas,  de vida miserable, no conocen el arte de la reflexión. No pueden disfrutar de la paz, angustiados o continuamente ofendidos, se convierten en rebeldes sin causa contra Dios y contra el prójimo.
Tal espíritu es inadecuado para una vida piadosa. 
La obra del creyente en sus ejercicios piadosos es cortada cuando la mala ira se levanta: el Espíritu se apaga y la comunión con Dios se corta, la ofrenda no se recibe, la oración no se oye: "Por tanto, si has traído tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y ofrece tu ofrenda" (Mateo 5:23-24).

Los que se airan no son adecuados para vivir en sociedad, son como las fieras salvajes: "No hagas amistad con el iracundo, ni tengas tratos con el violento, no sea que aprendas sus maneras y pongas una trampa para tu propia vida" (Proverbios 22:24-25). Tal persona es como la peste a la sociedad donde vive, todos evitan su amistad, no tienen amigos que duren pues dondequiera que se encuentren traen  discordia y confusión: "El hombre iracundo suscita contiendas, y el furioso comete muchas transgresiones" (Proverbios 29:22).
 
Al final de su vida este tipo de hombre se queda solo, son como las malas reses que no tienen compañeros, se encierran en sí mismos, los demás les evitan, huyen a toda costa de su presencia. Su ejemplo es malo y su conducta reprochable por Dios y los hombres.
 
El apóstol añade: "Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios en quien fuisteis sellados para el día de la redención" (Efesios 4:30). El espíritu de Dios no soporta morar en una habitación donde haya turbación de alma. Jamás pondrá sonrisa de aprobación porque la violencia de espíritu no solo descompone la razón sino que también trastorna la conciencia. El Santo Espíritu de Dios es amigo del espíritu quieto, manso, como si tumultos y pasiones inmoderadas le atemorizaran, y por ello se entristece.

Haz esfuerzo para seguir el consejo del hombre sabio: “No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios”.

Amén.
P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org

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