lunes, 7 de marzo de 2011

Meditación del 7 de Marzo

“Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?” (Juan 9:54).
 
Es cierto que los hermanos fueron impacientes e intolerantes con las debilidades ajenas, sin embargo actuaron como verdaderos discípulos pues no se limitaron a pedir fuego sobre los Samaritanos sino que preguntaron al Maestro. 
La pregunta fue inmisericorde, pero consultaron. Es cierto que Jesús tenía poder para mandar sobre cielos y tierra, pero limitado a libertar las almas del pecado, no para tanto. Un verdadero discípulo de Cristo es como el automóvil que no va a otro lugar, sino sólo a donde el conductor lo dirija. Es como si ellos hubiesen preguntado: ¿Debemos dirigir el carro hacia allá?

¿Donde residió la falta de estos discípulos? Fue doble, presumidos, y con deseos de venganza personal.

Su 
arrogancia fue que no preguntaron si su moción era de Su agrado sino que lo dieron como un hecho. Esto es soberbia, arrogancia. Pidieron permiso y eso es correcto, pero sin la voluntad del Señor consideraron correcto enviar fuego. El hecho de preguntar tal asunto deja entrever como si pensaran que Jesús se lo aprobaría, lo cual constituye ofensa contra el santo carácter del Señor. “Perdieron la chaveta”. Se hicieron crueles y vengativos. Su celo no era de elogio sino de censura. Pidieron igual trato que a sodomitas, cuando la falta de aquellos samaritanos había sido simple descortesía.

Lo otro fue 
venganza cruel. Volvamos a leer: “Más no le recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén” (Juan 9:53). Es muy probable que si Jesús hubiese venido como simple hombre y vestido para ir a Jerusalén le habrían recibido, pero no le recibieron porque se dirigía hacia la fiesta en Jerusalén, de modo que el rechazo no fue a Su Persona, sino a su nación, quizás por el maltrato que habían recibido de los judíos en el pasado. 
No hubo rechazo del Hijo de Dios, ni blasfemia, ni injurias, ni asaltos, ni persecución ni opresión. Todo se reduce a esto: “no le recibieron”

¿Merecían ser arrasados con fuego de la faz de la tierra? De ninguna manera. Oigamos el merecido que Jesús había dicho que se aplicara: “Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos” (9:5). Y esto pronunciado sólo cuando fuesen rechazados como predicadores del Evangelio. Pero aquí no se trata de ello sino de simples viajeros a quienes les han negado hospitalidad.  
Cuando corresponda, pues, hacer juicio en nombre del Señor, procura no ir más allá de lo que El mismo ha establecido en Su Palabra. No pongamos la misma medida a las ofensas contra el Señor, hay grados.
 
Aprende lo siguiente: El Señor toma ocasión de tu sentido de debilidad para abrirte la llave de Su gracia. El es el Único y sabio Dios; puede hacer que tu sentido de debilidad o impureza abunde para Su gloria.  Leamos: “Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces volviéndose él, los reprendió…” (v.54-55). Nótese el "entonces": tan pronto como Jesús vio su desacierto entonces les trajo Su ayuda de corrección.

Ahora examinémonos, y usemos nuestras debilidades para ir a Cristo por ayuda,
porque Su oficio es perfeccionarnos y salvarnos para siempre.

Amén.
P.Oscar Arocha,
www.ibgracia.org

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