domingo, 4 de enero de 2009

Oremos por nuestros hijos

1. Para que el Señor les llame y ninguno tenga obstáculos en acudir.

Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. Y habiendo puesto sobre ellos las manos,  se fue de allí (Mateo 19:13-15).

2. Para que ellos respondan en fe, al persistente y fiel llamado de Cristo.

El Señor no retarda su promesa,  según algunos la tienen por tardanza,  sino que es paciente para con nosotros,  no queriendo que ninguno perezca,  sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9).

3. Para que sean santificados mediante la obra transformadora del Espíritu Santo y que vaya en aumento su deseo de cumplir el más grande mandamiento.  

Jesús le dijo:  Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante:  Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 22:37-39).

4. Para que no sean uncidos en yugo desigual en relaciones íntimas, especialmente el matrimonio.

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque  ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia?  ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? (2 Corintios 6:14).

5. Para que sus pensamientos sean puros. 

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad (Filipenses 4:8).

6. Para que sus corazones se derritan en generosidad hacia la obra del Señor.

De los hijos de Israel, así hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra, que Jehová había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron ofrenda voluntaria a Jehová (Exodo 35:29).

7. Para que cuando llegue el momento oportuno, ¡vayan! 

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;  y he aquí yo estoy con vosotros todos los días,  hasta el fin del mundo.  Amén. (Mateo 28:18-20).

John Piper, Desiring God blog. Disponible en http://www.desiringgod.org/Blog/590_texts_to_pray_for_our_children/

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