sábado, 20 de noviembre de 2010
Meditación del 20 de noviembre
"Salva, oh Jehová, porque se acabaron los piadosos, porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres. Habla mentira cada uno con su prójimo; hablan con labios lisonjeros, y con doblez de corazón" (Salmos 12:1-2).
No significa que no hubiese creyentes en su época sino que la santa influencia de los hijos de Dios había disminuido grandemente.
Es de gran beneficio saber en qué tiempo ha caído la porción de cada uno. Procura saber la cualidad moral de tu propia generación y que tu alma no sea manchada con maldades propia de tu tiempo. David tuvo esa visión y cuidó de no envolverse en las circunstancias pecaminosas que le rodeaban. No se dejó arrastrar por la corriente de los tiempos sino que por el contrario clamó al cielo por ayuda, como nos hace saber en estos versículos. Sus tiempos fueron malos, pero él fue un buen hombre.
Significa que un hombre piadoso, alguien con discernimiento espiritual, considera quiénes son buenos y quiénes son perversos, quiénes son santos, y quiénes mundanos, y procura andar con los buenos porque se dirige al cielo, aun cuando sean pocos. Conoce la advertencia divina: “No os dejéis engañar: Las malas compañías corrompen las buenas costumbres” (1Corintios 15:33).
¿Cómo determinar la naturaleza moral de un hombre?
La naturaleza de un hombre se conoce por sus elecciones y ocupaciones: "Los que son de la carne, piensan en las cosas de la carne. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz" (Romanos 8:5).
¿Cuál es el pecado de esta generación? Si miramos nuestra historia de hará unos cien años, notaremos que el pecado fue oscurantismo, superstición e idolatría. Pero ahora es sensualidad o sensualismo (vivir para el agrado de los sentidos): "Hombres amadores de si mismos, vanagloriosos, desobedientes a los padres, amadores de los deleites más que de Dios" (2 Timoteo 3:2).
Los pecados presentes son más refinados que antaño, es el mismo pecado pero ahora mejor vestido, el mal con apariencia mucho más engañosa. Es más difícil vivir el cristianismo hoy, por eso las Escrituras le llaman "tiempos peligrosos". El contagio es mucho más fácil.
¿Por qué el contagio con el peligro es tan fácil en esta época?
El apóstol Pablo nos da la respuesta: "Porque tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita" (2 Timoteo 3:5). Dirán ser cristianos, pero lo serán sólo en apariencia, no en verdad. Parecen cristianos y no lo son. Los lobos estarán dentro de las iglesias pero con un atractivo ropaje de oveja.
Dirán que son ovejas, su voz será de ovejas, pero sus corazones serán de lobos.
Por tanto, por la gloria de Dios, por tu propio bien y el de otros, es parte de nuestro deber en fe conocer los tiempos de nuestra propia generación.
Amén.
P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org
jueves, 18 de noviembre de 2010
Meditación del 18 de noviembre
“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15)
Esfuérzate en testificar del amor de Dios en salvar, y no menosprecies el tesoro que Cristo te ha dado para salvar a otros.
Hay individualismo nocivo, y hay individualismo necesario y sano para el alma, aquel que establece que cada hombre -individualmente- dará cuenta a Dios.
Nos hace conscientes de nuestro deber e impide que la responsabilidad personal se diluya en el grupo.
Una iglesia permeada por este principio piadoso será una congregación saludable, se encontrará creciendo en madurez e involucrada en la expansión del reino de Cristo. Cuando predicadores fieles hablen a esta congregación, cada uno de sus miembros pensará así: “Lo que dijo el predicador es una exhortación de Dios para mí”. El creyente individualiza y aplica en su propia vida la Palabra de Dios.
Si aplicas esto a la Gran Comisión, verás que hay muchas maneras de predicar el Evangelio que no necesitan la selección de un texto o el uso de un púlpito.
“Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Este encontró primero a su hermano Simón y le dijo: Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo). El lo llevó a Jesús, y al verlo Jesús le dijo: Tú eres Simón hijo de Jonás. Tu serás llamado Cefas (que significa piedra)” (Juan 1:40-42).
Mira aquí cuán claro es que muchas almas hay buscando a Dios, que todo lo que necesitan es que se les diga: “Yo he encontrado al Mesías o a Cristo”. Otro ejemplo de la sencilla predicación del Evangelio: “Jesús le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuan grandes cosas ha hecho el Señor por ti, y como tuvo misericordia de ti. El se fue y comenzó a proclamar en Decápolis cuan grandes cosas Jesús había hecho por el, y todos se maravillaban” (Marcos 5:19-20).
Si Cristo perdonó tus pecados y te salvó, no será difícil contarlo a otros. Tú, pues, ve y haz lo mismo. Cristo se humilló para salvar; la humildad es un poderoso instrumento para ganar los afectos del incrédulo y hace que tengan oídos para oír con agrado las buenas nuevas del Evangelio.
Fue práctica común en la vida de Pablo: “A pesar de ser libre de todos, me hice siervo de todos para ganar a mas. Para los judíos me hice judío, a fin de ganar a los judíos. Aunque yo mismo no estoy bajo la ley, para los que están bajo la ley me hice como bajo la ley, a fin de ganar a los que están bajo la ley. A los que están sin la ley, me hice como si yo estuviera sin la ley (no estando yo sin la ley de Dios, sino en la ley de Cristo), a fin de ganar a los que no están bajo la ley. Me hice débil para los débiles, a fin de ganar a los débiles. A todos he llegado a ser todo, para que de todos modos salve a algunos” (1Corintios 9:19-22).
El apóstol estudiaba las circunstancias en que vivían los hombres a quienes predicaba y se empleaba a fondo para tratar de ganar sus afectos con el fin de ganar sus almas. Hago énfasis en el corazón de Pablo para predicar el Evangelio a su prójimo: “Me hice siervo de todos para ganar a más”. Se colocó al servicio del alma de los hombres. En otras palabras, tratar de quitar el bloqueo mental o prejuicios que tengan contra la verdad.
Asume tu individualismo: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (16:15). Esfuérzate en testificar del amor de Dios en salvar y no menosprecies el valioso tesoro que Cristo te ha dado para salvar a otros.
P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Meditación del 17 de noviembre
“No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios” (Eclesiastés 7:9)
La ira impropia destruye la paz de quien a sí mismo se lo permite.
Los hombres más miserables son aquellos que siempre tienen agitación de espíritu, sus sentimientos son como las olas del mar que no se están quietas, de vida miserable, no conocen el arte de la reflexión. No pueden disfrutar de la paz, angustiados o continuamente ofendidos, se convierten en rebeldes sin causa contra Dios y contra el prójimo.
Tal espíritu es inadecuado para una vida piadosa.
La obra del creyente en sus ejercicios piadosos es cortada cuando la mala ira se levanta: el Espíritu se apaga y la comunión con Dios se corta, la ofrenda no se recibe, la oración no se oye: "Por tanto, si has traído tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y ofrece tu ofrenda" (Mateo 5:23-24).
Los que se airan no son adecuados para vivir en sociedad, son como las fieras salvajes: "No hagas amistad con el iracundo, ni tengas tratos con el violento, no sea que aprendas sus maneras y pongas una trampa para tu propia vida" (Proverbios 22:24-25). Tal persona es como la peste a la sociedad donde vive, todos evitan su amistad, no tienen amigos que duren pues dondequiera que se encuentren traen discordia y confusión: "El hombre iracundo suscita contiendas, y el furioso comete muchas transgresiones" (Proverbios 29:22).
Al final de su vida este tipo de hombre se queda solo, son como las malas reses que no tienen compañeros, se encierran en sí mismos, los demás les evitan, huyen a toda costa de su presencia. Su ejemplo es malo y su conducta reprochable por Dios y los hombres.
El apóstol añade: "Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios en quien fuisteis sellados para el día de la redención" (Efesios 4:30). El espíritu de Dios no soporta morar en una habitación donde haya turbación de alma. Jamás pondrá sonrisa de aprobación porque la violencia de espíritu no solo descompone la razón sino que también trastorna la conciencia. El Santo Espíritu de Dios es amigo del espíritu quieto, manso, como si tumultos y pasiones inmoderadas le atemorizaran, y por ello se entristece.
Haz esfuerzo para seguir el consejo del hombre sabio: “No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios”.
Amén.
P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org
martes, 16 de noviembre de 2010
Meditación del 16 de noviembre
“Si, pues habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba...Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:1-2).
Será frecuente en la Escritura el uso de figuras materiales aplicadas al mundo espiritual. Nuestro Salvador empleó a menudo estampas de la vida diaria con el fin de hacer sus enseñanzas claras y sencillas, facilitar el entendimiento y ayudar a la obediencia.
Pablo utiliza esta facilidad y viene a nuestras mentes un principio general de física aplicado a la vida de fe: "Cada efecto tiene su propia causa". Por ejemplo, el agua hirvió porque se aplicó calor. ¿El efecto? Hirvió. ¿Causa? El calor.
Las palabras del pasaje contienen un argumento base y una conclusión. Siguiendo esa línea de pensamiento leemos: "Si, pues habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba...Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra" (v.1-2). La causa, fe en la resurrección de Cristo. El efecto, el cultivo de una mente espiritual.
Así como cada efecto habla de causa particular; cada forma de vida requiere conducta correspondiente.A una vida de fe corresponden obras de fe. Por tanto, buscas las cosas de arriba para que puedas mantener vida espiritual. Tal es el razonamiento del apóstol en este lugar.
Como es en la naturaleza, así también en la vida bajo la Gracia y lo será en la gloria.
¿Cuál es el lugar más apropiado para un pez? El agua. ¿Cual es la vida más propia para una persona que cree en la resurrección de Jesucristo? Una vida de fe o mente espiritual.
¿Cuál es el lugar más apropiado para un pez? El agua. ¿Cual es la vida más propia para una persona que cree en la resurrección de Jesucristo? Una vida de fe o mente espiritual.
Un hombre codicioso material no podrá vivir si es apartado de aquellos asuntos que alimentan y sostienen su codicia, no concibe la vida separado de esas posesiones que son fruto de corazón codicioso. Muere si le quitan tales cosas, como también moriría un pez si es sacado del agua.
En general, lo que pone buenos sentimientos a la labor del obrero es la recompensa del salario, obreros mal pagados son lentos en sus faenas, obreros bien pagados son entusiastas y diligentes.
Por tanto, piensa a menudo en la venida de Cristo, quien coronará todas y cada una de tus buenas obras: "Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano" (1 Corintios 15:58).
La fe en Cristo nos hace obrar obras de fe, y la esperanza de gloria nos hace parir frutos.
Amén.
P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org
lunes, 15 de noviembre de 2010
Tentación al Legalismo
En su libro "Mero Cristianismo", C.S. Lewis menciona una tentación al legalismo que pienso que nos afecta a todos.
Uno de los signos de un mal hombre es que si se inhibe de algo, quiere que los demás también hagan lo mismo.
Esta no es la forma cristiana. Un cristiano pudiera eximirse de muchas cosas por razones particulares – matrimonio, carne, cerveza, el cine. Pero en el momento cuando empieza a decir que tales cosas son malas en si mismas o a ver con menosprecio a los que las usan, ha tomado la dirección incorrecta. (Mi propia traducción)
- Mere Christianity PG 78-79
martes, 2 de noviembre de 2010
Meditación del 2 de noviembre
“Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede” (Romanos 8:7).
Corrupción natural o pecado es un principio de rebeldía contra Dios, el ser humano experimenta una fuerte e inexplicable aversión hacia lo divino mientras que disfruta lo pecaminoso.
Los hijos de Adán están naturalmente dispuestos a escuchar lo que causa error, oír la voz de Satanás, como está escrito: "Sin embargo, en una o dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende" (Job 33:14).
Cuán a menudo los ojos de la cara ciegan los ojos de nuestro entendimiento, la historia de Adán lo confirma: "Y vió la mujer que el árbol prohibido era bueno para comer y que era agradable a los ojos" (Génesis 3:6). Es decir que el hombre nunca es más ciego a la realidad espiritual que cuando mira objetos más agradables a los sentidos carnales.
Desde que nuestros primeros padres abrieron sus ojos al fruto prohibido, los ojos de los hombres han sido puerta de la destrucción de su alma. Desde aquel día todo lo impuro entró en la mente del ser humano, su corazón fue totalmente corrompido.
Acán es testigo fiel de esta verdad: "Ví, lo codicié y lo tomé" (Josué 7:21).
El patriarca Job entendió y vio esa realidad cuando dijo: "Hice pacto con mis ojos: ¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?” (Job 31:1).
Nos resulta natural tomar el debido cuidado de la carne aún a costa del alma. Felices seríamos si la mitad de los esfuerzos que tenemos sobre el cuerpo lo dedicáramos sobre el alma. Por el contrario, nunca preguntamos ¿Qué debo hacer para ser salvo? Pero a diario nos afanamos por comer, beber o vestir y casi nunca el hombre natural busca el reino de Dios y su justicia.
Como alguien ha dicho: “La verdad es que los hombres, mayormente viven como si ellos no fueran mas que un saco de carne y hueso".
En cuanto a la fuente de maldad, el hombre peca de dos maneras: por naturaleza y por hábito. Los niños por lo primero y los drogadictos, para citar un caso extremo, por lo segundo. Adán, el hombre natural menos pecador que haya existido, aún no tenia malos hábitos y no obstante fue muy evidente su naturaleza pecadora.
Ver el estado natural de nuestras almas en el espejo de las Escrituras debiera hacernos clamar junto al salmista: “Crea en mí, oh Dios, un corazón puro y renueva un espíritu firme dentro de mí” (Salmo 51:10).
Amén.
P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org
lunes, 1 de noviembre de 2010
Meditación del 1 de noviembre
“Porque la apariencia de este mundo se pasa." (1 Corintios 7:29-30).
Nuestro tiempo aquí es breve, apremia tu paso camino al cielo, al decir del apóstol a los Corintios. Es ese sentir lo que nos hará indiferentes hacia las cosas de este mundo, a desprendernos de lo material.
Pensamientos sobre la seguridad de la muerte traen beneficio doble. Por un lado nos previenen de hacer el mal y por el otro nos conducen a obtener el bien.
El pensar constante acerca de la muerte produce un temor que sensibiliza la conciencia, ablanda el corazón de tal modo que nos amarra a la buena conducta. En tal estado el hombre quiere salir del mundo sin deudas pendientes y esto lo guía al buen hacer.
Cuando el sentido de la muerte está ausente, la mente se endurece de tal modo que -al hombre creerse que no va a morir- comete hechos malos pensando que podrá salirse con la suya. Niegan toda regla y no respetan leyes. Pero cuando el sentido del fin se acerca, hacen esfuerzos por hacer el bien, por ganar lo que no habían hecho antes: "Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía me reciban en sus casas" (Lucas 16:4). La idea de morir le hizo cambiar de conducta.
Igual Job, a quien la idea de tener que dar cuenta a Dios como Juez moderó sus hechos: "¿Qué haría yo cuando Dios se levantase?” (Job 31:13-14).
Cuando el hombre ve lejos su propia mortalidad, la idea pervierte, contamina. La parábola de los talentos lo enseña: "A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos" (Mateo 25:15).
Conocí un hombre perverso y degenerado en extremo a quien una mortal enfermedad lo obligó a buscar refugio seguro en Cristo. Los pensamientos de muerte eran tan fuertes que lo hicieron recluirse totalmente y abandonó por completo sus antiguas y malas compañías.
Cuando la idea de la muerte está ausente los hombres se comportan como las prostitutas o malas mujeres, quienes se alborotan al sentir que el marido no está en el hogar. "Porque el marido no está en casa; se ha ido a un largo viaje.” (Proverbios 7:19). Así como la presencia del marido previene a estas malas mujeres de la infidelidad, los pensamientos de la muerte libran del peligro de la muerte pues tales ideas hacen poner guarda al corazón, tales ideas de mortalidad producen ternura en el alma.
Pero los pensamientos de mortalidad no solo previenen de mal sino también estimulan a hacer el bien. ¿Cómo? Porque hacen al hombre cuidadoso de su deber.
Un empleado bajo observación de su patrón laborará con esmero. En el camino de la fe, nos hace industriosos de la vocación, se cuidará de lo que hace: "Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias" (2 Corintios 5:11).
Pablo dice: siendo apóstol, me esmero en mi deber de apóstol. Persuadido de la cercanía de la muerte, quiero que ella me encuentre en mi debido lugar, tranquilo en mi casa, confiando en Dios.
Ser cuidadosos de su oficio, deber o vocación hace a los hombres ser más útiles a los demás. Más celosos de su propio oficio "Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación" (2 Pedro 1:13). Pedro se esfuerza en recordarles aquellas cosas que habían aprendido.
Por esta razón también la predicación del Evangelio casi siempre va acompañada del temor a la muerte:
"Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos enreda, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe; quien por el gozo que tenía por delante sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios" (Hebreos 12:1-2).
Amén
P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org
sábado, 30 de octubre de 2010
Meditación del 30 de Octubre
“El escribiros las mismas cosas a mí no me es molesto, y para vosotros es más seguro” (Filipenses 3:1).
En ocasiones es necesario hacer repeticiones. Es cierto que son molestas a la carne, pero provechosas en la gracia.
La mayoría de los hombres tienen amor adúltero a la verdad, se entusiasman e interesan mientras sea nueva y fresca pero tan pronto como se la repiten se inclinan a la mundanalidad.
Los israelitas se cansaron del maná a pesar de ser alimento celestial.
Un puritano decía que parcialmente se debe a la impaciencia de la culpa: como son culpables les molesta oír de nuevo la verdad y en lugar de humillarse se irritan. La repetición de reproches y amonestaciones es como vinagre sobre la herida, gravoso sobre una conciencia culpable, pero esas repeticiones son a veces muy necesarias para curarnos del mal.
Que no te sea gravoso oír las mismas verdades presionando sobre tu corazón. Las verdades comunes no son tan claras a tu boca ni muy caducas a tus oídos. Si alguna vez te tocase oír un sermón repetido, considera la providencia de Dios: “¿Acaso no se venden dos pajaritos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin el consentimiento de vuestro Padre” (Mateo 10:29).
Piensa que quizás tu corazón necesita oír otra vez. No desprecies la sabiduría divina, aunque sea repetida.
Generalmente vamos a oír los sermones con un corazón no mortificado, sin la debida preparación piadosa. Dios te da la siguiente recomendación: “Si alguien se imagina que sabe algo, aun no sabe nada como debiera saber. Pero si alguien ama a Dios, tal persona es conocida por el” (1Corintios 8:2-3).
Dios ha visto que no vives a la altura de lo que El mismo te ha hecho conocer, y trae de nuevo esas verdades.
En música, cuando un hombre oye una melodía agradable le gusta escucharla otra vez. Escuchar por segunda vez las Escrituras es dulce a un corazón gobernado por la gracia. Es vanidad y glotonería negarse a comer el mismo alimento dos veces. “Jesús le dijo por tercera vez: Simón hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijera por tercera vez: "¿Me amas?” (Juan 21:17).
A ningún hombre pecador le agrada despertar sospechas, porque reviven la culpa. Si es tu caso, entonces sé humilde, sincero, transparente, y mucho bien entrará a tu alma.
Amén.
P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org
viernes, 29 de octubre de 2010
Meditación del 29 de Octubre
"Pero ahora voy a ti; y hablo estas cosas en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos" (Juan 17:13)
Al leer este verso notamos que el Señor Jesús amplifica el argumento que antes inició sobre Su propia partida y el peligro en que dejaba a Sus discípulos, indica la razón del por qué fue tan diligente en orar por ellos. Como si hubiese dicho: "Padre Yo voy a ti, pero a estos voy a dejarlos sin mi compañía, necesito hacer una buena provisión para ellos".
El argumento muestra cuál fue el ruego especial de Su alma en toda esta oración: Ser fiel para no traer vergüenza sobre el Nombre del Padre, pero también asegurar a los discípulos de Su cuidado sobre ellos.
Por esta oración ellos podían ver el amor hacia ellos.
Oró delante de ellos para que supieran cómo oraba, con acentuado amor y fervor. Cristo habría de dejar claro registro de Sus afectos a la iglesia, muestra de Su empeño por el bien nuestro: "Hablo estas cosas en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos".
Como decía Lutero: "Déjennos cantar el salmo 46 y también déjennos meditar sobre Juan 17. Porque allí están el remedio para todas las aflicciones de la Iglesia". Cuando veamos males en el mundo, peligro para nosotros, vayamos sin tardar y con diligencia a recordar las oraciones del Señor Jesús.
Cristo dice "mi gozo" porque El es el autor de tal gozo. El gozo que Yo obro como Redentor y Mediador. De nosotros mismos no tenemos otra cosa que problemas y desespero: "Yo soy el que crea fruto de labios: Paz, paz para el que está lejos y para el que está cerca; dice Jehová. Yo lo sanaré" (Isaías 57:19).
Lo poseemos, pero es el gozo de Cristo; El obra y causa en uno por Su Espíritu: "EL gozo en el Espíritu Santo" (1Tesalonicenses 1:6). Como si hubiese dicho que el gozo tenido y disfrutado con Su compañía corporal sea mantenido e incrementado después de Su partida: "Para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos".
No solo cumplido sino también abundante. Es gozo pleno, no solo en relación al grado sino también al compararlo con otros, ya que el gozo del mundo es vacío y sin sustancia. Agrega "en sí mismos": que esté en sus corazones por propia experiencia y sentimientos. Tenemos gran necesidad de él porque sin este gozo no tenemos nada: "Os he hablado de estas cosas para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero ¡tened valor; yo he vencido al mundo!" (Juan 16:33).
Así que esta oración de Cristo es fuente de consolación para el creyente, porque tanto como estuvo en cuerpo sobre la tierra como ahora que partió para luego volver, se ocupó con fervor por el gozo de los Suyos que hay en este mundo.
Y el consuelo es porque si en debilidad hizo así por los creyentes, se deduce que está haciendo por ti ahora mismo y hasta que te haga entrar en el cielo.
Es bueno y sabio recordar esta oración de Cristo para tu consuelo.
Mira el gran favor de Dios que hace el pago parte de nuestro deber, y nuestro pago es nuestro servicio. Los caminos de la fe son agradables, no amargos ni pesados, y si en esta vida nos paga así, ¡oh cuán hermosa será la recompensa eterna! Es cierto que andamos por un valle de lágrimas, pero a veces el sol brilla cuando está lloviendo.
Mira el gran favor de Dios que hace el pago parte de nuestro deber, y nuestro pago es nuestro servicio. Los caminos de la fe son agradables, no amargos ni pesados, y si en esta vida nos paga así, ¡oh cuán hermosa será la recompensa eterna! Es cierto que andamos por un valle de lágrimas, pero a veces el sol brilla cuando está lloviendo.
Felices los que sirven a Cristo conscientes de hacerlo para El:
"Por la mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días" (Salmo 90:14).
Amén.
P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org
jueves, 28 de octubre de 2010
Meditación del 28 de Octubre
“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos" (2 Corintios 5:14-15)
En el contexto de estas palabras el apóstol trae a consideración las razones de su fidelidad en el ministerio, nos dice por qué se expuso a un trabajo tan duro, de tanto peligros y tantas calamidades.
Aquí cita tres grandes motivos:
Primero, su esperanza de una bendita inmortalidad: "Porque sabemos que si nuestra casa terrenal, esta tienda temporal, se deshace, tenemos un edificio de parte de Dios, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos" (v1).
Segundo, el terror del juicio final: "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho por medio del cuerpo, sea bueno o malo" (v10).
Tercero, el inefable amor de Cristo: "Porque si estamos locos, es para Dios; o si estamos en nuestro juicio, es para vosotros" (v13).
Tercero, el inefable amor de Cristo: "Porque si estamos locos, es para Dios; o si estamos en nuestro juicio, es para vosotros" (v13).
Pero ninguno de sus potentes argumentos puede ni debe ser separado del mayor y esencial: "Porque el amor de Cristo nos constriñe".
De manera que es deber y propiedad de la vida espiritual referir todas nuestras buenas y valiosas acciones, no al yo, sino a Dios.
Un cristiano no es un hombre dueño de sí mismo, no vive para sí mismo por la simple razón de que todo su ser es del Señor: “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, sea que vivamos o que muramos, somos del Señor" (Romanos 14:7-8).
Por causa de la redención de Cristo nuestras relaciones, posesiones, disfrutes, condiciones de vida e intereses son propiedad de Dios. El como nuestro redentor tiene poder y pleno derecho de poner reglas a nuestras vidas.
Si somos pobres, esta pobreza hemos de vivirla según las reglas de Dios, y si prósperos, de la misma manera: de acuerdo a lo que El manda.
Amén.
P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org
miércoles, 27 de octubre de 2010
Meditación del 27 de Octubre
“Al que no conoció pecado, por nosotros Dios le hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en él” (2Corintios 5:21).
Cuando tu corazón esté al ahogarse por la multitud de tus pecados reflexiona sobre la muerte del Señor Jesucristo.
El enemigo de nuestra alma y conciencia nos acusará justamente por nuestras faltas y la abundancia de mal desde el inicio de nuestros pensamientos, seremos provocados al ahogo, como lo relata el salmista: "Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mi" (Salmo 38:4). Este un espejo de la condición del creyentes bajo ciertas situaciones, pero en tal caso medita sobre los sufrimientos de Cristo, que no fueron por El mismo, sino por ti.
Tú mismo u otro te acusará de descuido en tus deberes devocionales; de orgullo, envidia, murmuración, malos deseos y placeres mundanos, de mal ejemplo a otros, descuido de tus deberes familiares o matrimoniales, de orar para ti mismo y no para Dios, de buscar el aplauso de los hombres y no la gloria del Creador.
Cuando todas estas cosas vengan sobre ti y no veas salida de misericordia, considera que no eres tú mismo quien paga por tus propios pecados sino que esa carga pertenece a Cristo. El acuerdo es que serían echadas sobre la espalda del Señor Jesús: “Venid a mi todos los que estáis trabajados, y cargados; y yo os haré descansar" (Mateo 11:28).
Supongamos que piensas que la providencia está en tu contra. Esto levanta aflicción, amargura de ánimo, problemas y descontento. Te parece que Dios te está castigando por tu pecado para que satisfaga las demandas de la justicia divina.
¿Qué hacer?
Recordar que Dios nunca te pedirá algo para satisfacer Su justa venganza por el pecado. Nunca. Porque Cristo fue puesto para expiar nuestras faltas y transgresiones. Requerido de Jesucristo y no de ti ni de nadie más. Cristo tomó los pecados de Su pueblo sobre Sí mismo.
Lo que sí puede suceder es que tengas alguna mancha en tu alma que te impide paz y gozo cristiano; y que para humillación, limpieza y hacerte el bien recibas disciplina para mejoría, nunca para destruirte.
No olvides esto del ministerio de Cristo: “Por lo que padeció aprendió la obediencia" (Hechos 5:8). Las lecciones de obediencia en la Escuela de Santidad de Cristo se aprenden sufriendo. Tales adversidades son para instruirnos, no para Dios vengarse, porque la promesa del pacto es muy clara:
"Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien" (Jeremías 32:40).
"Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien" (Jeremías 32:40).
Amén.
P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org
martes, 26 de octubre de 2010
Para cambiar un bombillo
¿Cuántos cristianos se necesitan para cambiar un bombillo?
CARISMATICOS: sólo uno. El resto tiene las manos en el aire.
PENTECOSTALES: Diez. Uno para cambiar el foco y nueve para orar contra el espíritu de las tinieblas.
PRESBITERIANOS: Ninguno. Las luces se encenderán o apagarán según esté predestinado.
CATOLICO ROMANOS: Ninguno. Sólo velas.
BAUTISTAS: Por lo menos 15. Uno para cambiar el bombillo, tres comités para aprobar el cambio y decidir quién trae el pollo frito y la ensalada de papas.
EPISCOPALES: Tres. Uno para llamar al eléctrico, otro para mezclar las bebidas y otro para hablar de lo bueno que era el último.
UNITARIOS: Prefieren abstenerse de dictaminar a favor o en contra de la necesidad de un bombillo. Sin embargo, si en tu propia jornada has descubierto que los bombillos son para ti, te invitan a escribir un poema o componer una danza moderna sobre tu bombillo para el próximo servicio del domingo, en que explorarán tradiciones sobre bombillos, incluyendo incandescentes, fluorescentes, de tres vías, multicolores, entintados, de larga vida, etc., todos los cuales son caminos igualmente válidos para luminiscencia.
METODISTAS: Indeterminado. No importa si el bombillo es brillante, alumbra poco o de plano no enciende, de todos modos eres un ser amado. Trae el bombillo de tu elección para el siguiente servicio y un platillo para las ofrendas.
NAZARENOS: Seis. Una mujer para reemplazar el bombillo, cinco hombres para debatir las políticas de la iglesia sobre el particular.
LUTERANOS: Ninguno. Los luteranos no creen en el cambio.
AMISH: ¿Qué es un bombillo?
CARISMATICOS: sólo uno. El resto tiene las manos en el aire.
PENTECOSTALES: Diez. Uno para cambiar el foco y nueve para orar contra el espíritu de las tinieblas.
PRESBITERIANOS: Ninguno. Las luces se encenderán o apagarán según esté predestinado.
CATOLICO ROMANOS: Ninguno. Sólo velas.
BAUTISTAS: Por lo menos 15. Uno para cambiar el bombillo, tres comités para aprobar el cambio y decidir quién trae el pollo frito y la ensalada de papas.
EPISCOPALES: Tres. Uno para llamar al eléctrico, otro para mezclar las bebidas y otro para hablar de lo bueno que era el último.
UNITARIOS: Prefieren abstenerse de dictaminar a favor o en contra de la necesidad de un bombillo. Sin embargo, si en tu propia jornada has descubierto que los bombillos son para ti, te invitan a escribir un poema o componer una danza moderna sobre tu bombillo para el próximo servicio del domingo, en que explorarán tradiciones sobre bombillos, incluyendo incandescentes, fluorescentes, de tres vías, multicolores, entintados, de larga vida, etc., todos los cuales son caminos igualmente válidos para luminiscencia.
METODISTAS: Indeterminado. No importa si el bombillo es brillante, alumbra poco o de plano no enciende, de todos modos eres un ser amado. Trae el bombillo de tu elección para el siguiente servicio y un platillo para las ofrendas.
NAZARENOS: Seis. Una mujer para reemplazar el bombillo, cinco hombres para debatir las políticas de la iglesia sobre el particular.
LUTERANOS: Ninguno. Los luteranos no creen en el cambio.
AMISH: ¿Qué es un bombillo?
Meditación del 26 de Octubre
"Tú oyes la oración. Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia, oh Dios de nuestra salvación, esperanza de todos los términos de la tierra, y de lo más remotos confines del mar" (Salmo 65:2,5).
Amado y entrañable hermano, eres un gran privilegiado, porque el Altísimo oye tus oraciones.
La mayor parte de la humanidad está destituida de este hermoso y útil privilegio, y cuando están en aprietos o les llegan calamidades o son visitados por ellas, no tienen un Dios al que puedan ir y ser librados.
Es cierto que cuando están afligidos buscan ayuda, pero donde acuden no son ayudadores, porque los engañan, les traen ruina, aumentan las miserias de su alma y son acechados como un león rugiente tras su presa.
Amado hermano mío, creyente en Dios y Cristo, contigo no es así. Tienes un Dios que conoces y El te conoce, un Dios de infinita gracia y misericordia, un Dios lleno de compasión al débil y al necesitado y al pobre y preparado para compadecerse de nosotros en todos y cada uno de nuestros problemas y lamentos y darnos ayuda y el alivio que necesitamos.
Cuán altamente privilegiados son los hijos de Dios, tienen la Santa Palabra de este mismo Dios, donde aprenden no solo lo que deben pedir sino también cómo pedirlo. Para ellos hay abundantes misericordias, tan abundantes que no se agotan, y además enseña cómo pedir, buscar y recibir esos favores del cielo, porque Dios está más presto para dar que nosotros para pedir, y su queja con nosotros es que no pedimos lo suficiente, que no oramos todo lo que debiéramos y pudiéramos, al punto que de continuo El mismo nos tiene que recordar que le pidamos: "Pedid, y se os dará. Buscad y hallaréis. Llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, el que busca halla, y al que llama se le abrirá. Todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mateo 7:7;21:22).
La oración es un poderoso instrumento mediante el cual el Creyente puede prevalecer con el Creador.
Mueve y aplica tu corazón al deber de la oración, porque aun cuando seas débil en tus deberes, por medio de la oración y la gracia de Dios puedes convertirte en una alma fuerte:
La oración es un mensajero directo de la tierra al cielo: "Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré" (Salm.5:3).
David enviaba un correo matutino cada día, dirigido a la corte celestial.
La oración hace conmover las entrañas de Dios: "¿No es Efraín hijo precioso para mi? ¿No es niño en quien me deleito? Pues desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia, dice Jehová" (Jeremías 31:20).
La oración hace conmover las entrañas de Dios: "¿No es Efraín hijo precioso para mi? ¿No es niño en quien me deleito? Pues desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia, dice Jehová" (Jeremías 31:20).
Cuando Dios oyó el quejido de Efraín, se condolió. Porque nuestro Señor sufre y se compadece de nuestras dolencias.
La oración hace despertar a Dios, cuando nos parece que en relación con Su providencia está dormido: "Despierta; ¿por qué duermes, Señor? Despierta, no te alejes para siempre" (Salmo 44:23). Como si la oración pusiera al Creador a ejecutar los nobles actos de Su Omnipotencia, como si lo despertáramos para que ponga en acción y ejecute lo que estamos rogando.
La oración es como amarrarnos a Dios: "Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti" (Isaías 64:7). Como atarnos con cadenas a las promesas y las declaraciones que el Señor ha dicho de Su buena voluntad hacia nosotros.
Al considerar el poderoso instrumento de la oración a Dios, podemos entender por qué el Enemigo procura con tanto interés y maquinaciones carnales desanimar o deprimir para que no oremos; se emplea a fondo con distracciones y pensamientos para abatirnos, turbarnos y que no oremos.
Al considerar el poderoso instrumento de la oración a Dios, podemos entender por qué el Enemigo procura con tanto interés y maquinaciones carnales desanimar o deprimir para que no oremos; se emplea a fondo con distracciones y pensamientos para abatirnos, turbarnos y que no oremos.
Repetimos: si todo esto es verdad -y ciertamente lo es- analiza:
Hermano mío, aunque seas débil en los dones, aunque tu corazón esté frío y duro, aunque estés bajo muchas distracciones, aunque el Señor parezca esconder Su rostro a tus oraciones, aunque el Señor parezca enojado contigo, aunque haya incredulidad en tu deber, egoísmo en tus peticiones, aunque tu corazón no esté preparado de acuerdo a las preparaciones del santuario, aunque seas una persona de muchas pasiones...
No obstante todo eso, no tienes causa justa para vivir paralizado o desanimado, sino todo lo contrario, estimulado al deber esencial de orar siempre a Dios.
Por tanto, digamos como el salmista: "Por eso orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado” (Salmo 32:5).
Por tanto, digamos como el salmista: "Por eso orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado” (Salmo 32:5).
Amén.
P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org
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