lunes, 20 de septiembre de 2010

Meditación del 20 de Septiembre

"Y el rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis preservado la vida a los niños? Y las parteras respondieron a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias; pues son robustas, y dan a luz antes que la partera venga a ellas" (Éxodo 1:18-19).


Las parteras oían dos voces, una ordenaba "mata los varones" y la otra mandaba: "no matarás." Escogieron honrar a Dios antes que a los hombres. Tomaron hacer el bien y desecharon el mal.

Cuando oímos las voz del Señor más que de las criaturas, hay temor. Esto es temor a Dios. Las parteras obedecieron en desobediencia, valga la paradoja. Fueron débiles para responder a Faraón como se merecía, pero fuertes para hacerlo en la práctica. Temieron a Dios para no matar a los niños, y al rey para no ofenderlo de palabras.


Es verdad que mintieron al rey cuando fueron cuestionadas. No es posible meter la mano en el fuego y salir sin alguna quemadura. En ocasiones estamos conscientes para evitar grandes pecados, pero fallamos con los pequeños. Ahora bien, Faraón no maltrató las mujeres, sólo les habló de mala manera; cuando Dios está con uno nadie puede dañarnos.


Hay aquí una nota de verdadera sabiduría, o que la sabiduría enseña a poner cada cosa en su debido lugar: Dios perdonó la mentira de las parteras.
"Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera" (v.20).

Y por el temor de ellas tuvo misericordia de sus familias: "Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias" (v.21).


Cuida tu mente para no hacer malas construcciones de tus adversidades.

Hay ocasiones en que nos parece que Dios trata con dureza, pero si consideras correctamente descubrirás lo contrario, las adversidades son para nuestro bien, como está escrito: "Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad para con los que guardan su pacto y sus testimonios" (Salmo 25:10).


Medita, fija tus pensamientos en las Santas Escrituras. Al oírla, al leerla, ten siempre en mente que fue dada para tu provecho. "Escúchalo tú y conócelo para tu bien" (Job 5:27).


En la Biblia tenemos el fundamento de la verdadera felicidad, esperanza, consuelo. Allí está el único remedio contra el pecado, las miserias, y las reglas para andar seguros, confiados y alentados.

En fin, para caminar guiados hasta ser perfeccionados. Y que sea nuestro principal deleite. Óyela, léela y hazlo fijando tus pensamientos en eso:

"Y el Dios de paz y de amor estará con vosotros" (2Corintios 13:11).


Amén.

P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org

domingo, 19 de septiembre de 2010

sábado, 18 de septiembre de 2010

Pascal

Meditación del 18 de Septiembre

"Y Jacob pasó delante de ellos y se inclinó a tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano. Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron" (Génesis 33:3-4).


Esaú se acercó a su hermano con amor, no con enojo. Algunos piensan que Esaú no había venido con malas intenciones y que los cuatrocientos hombres
eran para decirle a su hermano cuánto había progresado materialmente.


Pero tal interpretación no se apoya racionalmente en el pasaje, ya que Jacob era hombre prudente como para mal interpretar el reporte de sus criados (
Génesis 32:5-6). Es difícil admitir que su miedo fue infundado, pues si hubiese sido temor sin base, el Espíritu de Dios no le habría levantado para orar como lo hizo, ni para cambiar su nombre de Jacob por Israel, ni para decirle que había prevalecido con Dios y con los hombres en clara alusión a Esaú.

Nos inclinamos a pensar que Dios obró milagrosamente sobre el corazón de Esaú y lo mudó de furia a ternura.


En cuanto a Jacob es tan dulce mirar aquí que los hombres de buen corazón le es de mucho gozo restaurar las amistades. Fue de gran alegría para Jacob volver a reverdecer su amor y amistad hacia su hermano Esaú con quien había tenido serias diferencias.

Los hombres pacíficos y afectuosos tienen en mucho valor a sus amigos, dan importancia a estas relaciones y ponen empeño en cultivarlas. En cambio las personas centradas en sí mismas son indiferentes al valor de la buena amistad, no resulta extraño que a individuos de corazón duro les duren tan poco tiempo las amistades.


¿Qué hacer para preservar los amigos?

* Procura no imponer tu criterio sobre tu amigo, ni atarlo a tu manera de ver las cosas, ni mucho menos a tus gustos. Esaú ofreció a Jacob ir juntos, pero el patriarca amablemente rehusó, no obstante el respeto entre ellos se mantuvo y cada uno siguió por su camino sin ofensas del uno para el otro.


* No olvides que consejos y reproches son parte infaltable en una verdadera amistad. Si no estás dispuesto a reprender o aconsejar a tu amigo, ni recibirlos bien cuando vengan de él para ti, ni pienses en cultivar su amistad.

"El ungüento y el perfume alegran el corazón, y el cordial consejo al hombre" (Proverbios 27:9). El olor del buen perfume levanta el ánimo, y la buena guía del amigo estimula nuestra voluntad hacia el camino al cielo.

El reproche es también un regalo amistoso: "Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece" (Proverbios 27:6).

Las heridas de un fiel amigo son mayor testimonio de sinceridad que las adulaciones de un enemigo. La verdadera amistad demanda perdonar las ofensas del otro y que también nos perdonen las nuestras.


Ciertamente que la obra de Dios siempre es perfecta. El hizo no solo que Esaú dejara de ser enemigo para Jacob, sino también que fuese amigo. El hueso que había sido roto vino a ser más fuerte que antes de romperse.


Incluye en tus oraciones el fortalecimiento y duración de tus amistades. Dios se agrada en
bendecir y restaurar las buenas relaciones entre los hombres. Esfuérzate en ser amigo de todos y de escoger con pinzas tus íntimos.


También debes saber que es un deber piadoso restaurar prontamente cualquier desavenencia con tu prójimo, y que tan pronto como sea restaurado cuidar y ser diligente en cultivar la amistad, aunque no andes tras ellos en sus asuntos del diario vivir. Jacob la restauró, pero rehusó seguir el mismo camino de Esaú.


Amén.

P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org

viernes, 17 de septiembre de 2010

Calentura de la Tierra

Ya hace rato que periódicos y otros medios de comunicación nos inundan con informaciones sobre el "calentamiento global" del globo terráqueo.
El argumento básico es que "el aumento en dióxido de carbono y otros gases produce un efecto invernadero" en la atmósfera, y que tal aumento es producto de la actividad [nuestra] humana. En pocas palabras, una auto-catástrofe.

¿Dónde está Dios en esta visión?

Fuera bueno disecar un poco más el asunto y que cada uno se edificara en el tema.
Y en general, si la Tierra tiene calentura, si nosotros somos la causa, y si tal calentura es mala, vale la pena considerar si las medidas adoptadas por los gobiernos pautan alguna diferencia.

Castillo fuerte es nuestro Dios. Participemos con inteligencia.


Meditación del 17 de Septiembre

"José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará" (Génesis 50:24).


Es usual que la mayoría de los hombres se resisten a la idea de la disolución y por lo general se engañan a ellos mismos con la vana esperanza de que pueden permanecer un tiempo más en este mundo.

José, por causa de su fe, no temió recibir la cita con la muerte, no se angustió con los síntomas de su próxima partida, ni se concentró en sus propios asuntos o pensamientos, sino en consolar a sus hermanos quienes iban a ser privados de su mejor amigo.

Vio que la muerte estaba al doblar de la esquina y saludó con un espíritu quieto, como si le dijese “bienvenida”. ¡Cuán hermoso es el poder la fe!


Una de las bendiciones que Dios concede a Sus hijos cuando están cerca de salir de este mundo es darles sentido claro de que la muerte está cerca y prepararlos a que la reciban tranquilos y confiados:
"José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará".

Cuán diligentes y confiados son los hijos de Dios para renovar la fe y ocuparse en consolar a otros. Su hablar fue un acto de amor y por eso fue recibido con tanta reverencia de parte de quienes habrían de sobrevivir.

Sea nuestro empeño prepararnos para esos momentos. Más aún, que todas nuestras obras sean de preparación para cuando nos toque morir, que podamos salir de este mundo honrando a Dios y consolándonos a nosotros mismos. ¿Hermano, está listo tu discurso de despedida?


¿Cómo saber si uno está preparado? Si ante la prueba llamas a tu corazón las promesas de Dios y cuando por propia experiencia confirmes a otros la fidelidad de Dios. Nótense las palabras del patriarca: "José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; más Dios ciertamente os visitará".


Cuando los cerdos entran a un jardín no hacen distinción entre flores y arbustos, comen tanto unos como otros. La muerte es así, no distingue entre los mortales, mata a uno como a otros.

Algunos de ustedes son muy jóvenes, pero otros no tanto, se dice de ellos como está escrito: "De uno, y ése ya casi muerto" (Hebreos 11:12). Les falta ese último combate, la cita con la muerte, un enemigo tan fuerte que una simple experiencia cristiana no es suficiente para hacer como José antes de morir.

Ser bautizado, asistir a los cultos hacer devocionales, decir que uno es cristiano, todas esas experiencias no son suficientes para dar buen testimonio en esa pelea, se necesita más que eso. "Por esta causa, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haberlo logrado todo, quedar firmes. Y sobre todo, armaos con el escudo de la fe, y también el casco de la salvación" (Efesios 6:13-17).


¿Tienes puesto el escudo de la fe y el casco de la salvación?

¿En tus luchas espirituales, has usado esta armadura de Dios? Recuerda que aunque hayas tenido muchas peleas, la lucha con la muerte es un combate que nunca has experimentado. Quizás tenga cuarenta o más años, pero este es un enemigo diferente.

Será sabiduría desarrollar una obra constante de mortificación de la carne como preparación de este inevitable combate, y cuando se presente, es nuestro ruego que la misericordia divina esté contigo y capacite tu corazón para hablar así:
"Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia" (Filipenses 1:21).


Amén.

P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org

jueves, 16 de septiembre de 2010

Spurgeon

Meditación del 16 de Septiembre

"Sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia" (Colosenses 3:24).


Los títulos de Dios son usualmente adecuados al asunto que se tiene en mano.

En otro lugar de la Escritura Jesús pide de acuerdo a lo que en esto texto se nos promete. Pide como un hijo pide la porción a su padre para el bien de los miembros del cuerpo, y por eso dice: "Padre". Las bendiciones de Dios a Su pueblo, más que una paga de siervo, son herencia recibida del Padre.

Más aún, que la esperanza de los creyentes es en base a la adopción, Cristo es Hijo por generación eterna, pero nosotros por gracia, nuestro privilegio no es por nacimiento, sino por aceptación: "Gemimos dentro de nosotros mismos, aguardando la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo" (Romanos 8:23).


Juan 17:24, dice: "Yo quiero"; la traducción en español expresa con mucha fidelidad el sentido original, porque es algo más que un deseo, es una demanda, no tanto de la autoridad de Dios Hijo, sino el deseo ardiente del corazón.

Mire otro pasaje donde clarifica el sentido del "quiero" de este ultimo verso: "En seguida ella entró con prisa al rey y le pidió diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista" (Marcos 6:25).

La forma de expresión encierra que la petición posee la fuerza de una promesa, por eso decimos que es más que un deseo.

Nos da mucho consuelo, enseña la certeza de nuestra gloriosa esperanza.

Estaba cerca de morir y esta fue Su ultima voluntad o testamento: "Padre, Yo quiero" (Juan 17:24). El cielo es un legado dado por Cristo: "Yo, pues, dispongo para vosotros un reino, como mi Padre lo dispuso para mí" (Luc.22:29).


El privilegio es a favor de los elegidos, hay un grupo de hombres y mujeres que le fueron dados por el Padre, los cuales no pueden perderse, todos poseerán la gloria. Fueron dados antes de los tiempos, pero en el tiempo, cuando sean eficazmente llamados, como ovejas oirán la voz del Príncipe de los pastores, vendrán a El, y serán preservados:
"Todo lo que el Padre me da vendrá a mi. Y esta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de todo lo que me ha dado" (Juan 6:37,39). Cristo hizo una suave demanda, pero demanda al fin, para favorecer con gloria eterna a los elegidos.


Esa es la hermosura de la gracia, darnos como herencia gloria eterna. Es cierto que eso fue comprado por Cristo, pero a los creyentes es un don, porque lo recibimos en virtud de Su testamento y de la promesa del Padre:
"Las riquezas de la gloria de su herencia en los santos" (Efesios 1:18). Los herederos reciben sin esfuerzo, heredar es algo libre. En esto Cristo hizo la compra y poseemos el don.

Es motivo de seguridad que cuando vemos las glorias y excelencias del cielo, también vemos un misericordioso Padre y a Cristo que pagó el precio.

Es llamado el don de Dios a través del Señor Jesucristo.


Amén.

P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Aqui vivimos (mientras tanto)

Meditación del 15 de Septiembre

"Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y Sus oídos atentos a sus oraciones" (1Pedro 3:12a).


En otro lugar de las Santas escrituras el Dios nuestro se revela a Sí mismo con este título: "El Dios de toda gracia". El que te llamó y se ha comprometido a preservarte por siempre; después de llamarte, ese mismo Dios de toda Gracia, un Dios Omnipotente, que cuida de ti para hacerte bien. Y es eso lo que pretendemos hablarte hoy, el cuidado del Señor sobre ti.


La vigilancia visual de Dios sobre los creyentes. Sobre la visión divina se nos dice: "Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos" (Proverbios 15:3). Los ojos de Dios están sobre los justos y el lenguaje bíblico es como si no pensara ni mirara otra cosa que no fuese en ellos: "Mi mano hizo todas estas cosas. Pero a este miraré, al que es pobre y humilde de espíritu" (Isaías 66:2).

En otro pasaje encontramos el mismo lenguaje: "Pondré mis ojos sobre ellos, para bien, y les haré volver a esta tierra. Los edificaré y no los destruiré; los plantaré y no los arrancaré. Les daré un corazón para que me conozcan, pues yo soy Jehová. Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios, porque volverán a mi de todo corazón" (Jeremías 24:6-8).

Como una nodriza cuyo oficio es velar y cuidar sobre un niño.


Hay un salmo completo cuyo mensaje es precisamente este, expresar el cuido particular de Dios sobre Sus hijos:
"Alzaré mis ojos a los montes: ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No permitirá que resbale tu pie, ni se adormecerá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni se dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu protector; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te herirá de día, ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; el guardará tu vida. Jehová guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre" (Salmo 121).

En los v3-5 repite tres veces para impresionar nuestro entendimiento sobre la plena seguridad de que nuestras almas serán guardadas: "Ni se adormecerá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni se dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu protector." No dice el presidente o los soldados o dinero o poder o prosperidad, sino Dios es tu protector, del Israel de Dios, o de todos y cada uno de los creyentes en particular. Dios gasta su poder para guardarte, guardar tu alma del mal: "Jehová te guardará de todo mal."


¿Y por cuánto tiempo lo guardará?

"Desde ahora y para siempre." Esto es, desde el primer instante en que te tomó a Su cargo, desde que te entregaste tú mismo a Su cuidado, desde el momento en que tomaste a Cristo como tu Señor y Salvador. Desde el mismo día de tu llamado, ahora mismo y por siempre.

Como Iglesia nos guardó y ha prometido también guardarnos en el porvenir.

El compromiso de preservación que Dios tiene sobre ti, no pestaña ni una vez, ni siquiera porque te descuides, no dejará de velar sobre ti. Si en un lapso supones que el diablo, el enemigo y adversario de tu alma pueda tomar ventajas sobre ti para devorarte en un momento, podrías pensar así, pero no Dios: "Yo, Jehová, la guardo. A cada momento la riego; y para que nadie la dañe, de día y de noche la guardo" (Isaías 27:3); si no te es suficiente, añade: "A cada momento."

Si los ojos del Señor estarán sobre nosotros Su pueblo, desde el comienzo hasta el fin, entonces alegrémonos tanto como podamos:

"¡Regocijaos en el Señor siempre! Otra vez lo digo: ¡Regocijaos! (Filipenses 4:4).


Vendrán pruebas y problemas, no esperes ser exonerado de tentaciones. El diablo no está muerto y sus llamas siguen quemando. Cuida más lo que Dios te ha mandado:

"Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las cosas os serán añadidas" (Mateo 6:33).


Amén.

P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org

martes, 14 de septiembre de 2010

Meditación del 14 de Septiembre

"Así que nadie se gloríe en los hombres; pues todo es vuestro, sea Pablo, sea Apolos, sea Pedro, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo porvenir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios" (1 Corintios 3:21-23).


Pablo cita a la muerte, reina del miedo y angustias, como uno de los bienes que Cristo compró en Su sacrificio, lo compró para usted y se lo dejó a usted. Si la muerte es suya, todas las aflicciones -hijas de ella- también son suyas, y uno se pregunta: ¿Quien tendrá miedo de lo que es de su propiedad?


Se nos dice que son parte de los dones de Dios: "Porque se os ha concedido a vosotros, a causa de Cristo, no solamente el privilegio de creer en él, sino también el de sufrir por su causa" (Fil.1:29). Cristo no da males a los suyos, de ninguna manera, aunque estas aflicciones parecen ser un mal en realidad son un bien.

Lo que nunca Cristo dará son tu desespero e impaciencia, eso no viene de Dios sino de tu propia incredulidad y mal corazón. Pero es bueno decirte que es inevitable, en muchos casos, que los sufrimientos traigan tristeza debajo del brazo: "Al momento, ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados" (Hebreos 12:11).


Esas verdades generales pueden ser individualizadas en la vida de un hombre en Cristo: "Como no conocidos, pero bien conocidos; como muriendo, pero he aquí vivimos; como castigados, pero no muertos; como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, pero poseyéndolo todo" (2Corintios 6:9-10).

Nótese el "como" empleado por el apóstol: habla de las aflicciones como si no fueran sufrimientos. Como un hombre que se ha enfermado de gripe para curarlo de tuberculosis. Esto es, que habla de sus aflicciones llamando medicina a la enfermedad. Un mal menor salva de un mal mayor, y en este caso podría ser la muerte.

Las aflicciones del creyentes son medicina-enfermedad. La angustia no es un bien en sí, sino un mal necesario en muchos casos dado por la mano del Padre. Los cosecheros de arroz dan de golpes con un palo a la mata del grano, con el palo separan el grano útil de la paja inútil, usan lo malo para sacar limpio lo bueno.


Amén.

P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org

lunes, 13 de septiembre de 2010

Salmo 143:10

Meditación del 13 de Septiembre

"Ahora voy al que me envió. Me voy al Padre, y no me veréis mas" (Juan 16:5,10)


La fe presenta las cosa futuras como si estuviesen presentes, y en este sentido los creyentes entran al cielo antes de su tiempo.


Una de las razones para Su ausencia es probarlo al mundo. Cuando Jesús vino a los judíos se cubrió de humildad para cubrir el brillo de Su gloria y majestad, lo cual fue una prueba: "A lo suyo vino, pero los suyos no le recibieron" (Juan 1:11).


Para probar la obediencia de los hombres es necesario algún velo.

Si se hubiese presentado con todo esplendor, no habría prueba. Al presentarse velado, Su ministerio hecho por medio de hombres y traído de manera espiritual, entonces sí seríamos probados.

Si todos le hubiesen visto en gloria entonces la impiedad del mundo no sería descubierta ni la fe de los creyentes se habría ejercitado. Que sea así es precisamente la alabanza del Cristianismo: "Porque andamos por fe, no por vista" (2Corintios 5:7).

No ven a Cristo porque está ausente, no obstante, creen, le aman y sus corazones siguen tras El: "A él le amáis, sin haberle visto. En el creéis; y aunque no lo veáis ahora, creyendo en él os alegráis con gozo inefable y glorioso" (1Pedro 1:8).

La fe tiene ojos de águilas, puede mirar a través de las nubes. Esta es la prueba del cristiano, pueden creer y gozarse en Cristo como si le hubiesen visto con sus ojos y oído con sus oídos.

La fe les da suficiente visión y corazón para amarle.


Si Jesús hubiera continuado con Su cuerpo santo y de debilidad, tal como estuvo en esta tierra, entonces los hombres impíos habrían seguido abusando de El, maltratándole e injuriándole. Por eso, después de la resurrección solo se manifestó a Sus discípulos, a unos pocos escogidos y así partió al cielo para no ser visto nunca más, sino hasta que venga al juicio final con gloria y poder, como El mismo dijo: "Porque os digo que desde ahora no me veréis más hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!" (Mateo 23:39). Esta ausencia corporal prueba al mundo.

Pero también es de consuelo y seguridad al creyente. Dijo a los discípulos: "No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros" (Juan 14:18). No los dejare sin guía, confort o seguridad, esto siempre lo tendremos de El. Y esta promesa no solo fue a los apóstoles, también alcanza a todos los creyentes, habrá la presencia constante de Cristo en Su Iglesia.

"He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28:20).

No importa el lugar o la ocasión donde la providencia nos ponga, tenemos la plena certeza de que el Señor Jesús estará con nosotros, Su asistencia y bendición no nos faltará, como si estuviese con uno. También es cierto para los ministros, si son diligentes en mejorar su interés en El podrán tener los mismos privilegios que tuvieron los apóstoles. Es extensivo a todos los creyentes: "Porque donde dos o tres están congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18:20).

En cualquier lugar donde nos reunamos con el fin de hacer obras de la verdadera religión, Cristo estará allí, y en este sentido El nunca se aparta del creyente. Pero esta presencia espiritual no sucedería mientras no hubiera ausencia corporal, es decir que Su ausencia dio lugar a Su influencia universal.


Sobre la tierra Su carne escondió Su gloria y ahora en los cielos sigue como escondido y en parte se manifiesta por medio de Su pueblo escogido. De manera que era necesario que partiera porque esta ausencia prueba el mundo, y es un medio de consuelo y seguridad al Creyente.


Cristo es el Hijo de Dios por naturaleza, y nosotros hijos de Dios por gracia, y cuando morimos vamos al Padre, como El fue al seno de Dios. La misma bienvenida que Cristo recibió cuando partió de nosotros, la tendrán los creyentes cuando partan, porque tal cual la Cabeza ellos no dejan la vida, sino el mundo; como Lázaro quien fue uno de los nuestros:

"Murió el mendigo y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham" (Lucas 16:22).


Amén.

P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org

sábado, 11 de septiembre de 2010

Meditación del 11 de Septiembre

"Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos" (Juan 8:31).


Las palabras de Cristo son el medio designado por Dios para dar fe a los hombres.

Los apóstoles no tuvieron ningún otro medio de salvación que las Palabras de Cristo, y llama la atención que cuando da un reporte de la fe de ellos, no menciona Sus milagros, sino solo Su doctrina: "He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste... Las palabras que me diste, les he dado" (Juan 17:6,8). No sólo menciona la obra interna del Espíritu Santo en el alma de Sus discípulos, sino también el medio externo, las enseñanzas de Sus palabras.

"La fe es por el oír, y el oír por la palabra de Cristo" (Romanos 10:17).

Este es el método y la manera usual en que la gracia de Dios obra sobre los corazones de los hombres.


El primer sermón que predicaron los apóstoles trajo la conversión de 3000 personas en un mismo día, la Palabra de Dios es un poderoso instrumento para que la fe obre (
Hechos 2:41).

Se puede decir que no hay fe sin conocimiento, no hay un asentir ciego, sin tener conciencia de lo que se cree: "¿Como creerán a aquel de quien no han oído?" (Romanos 10:14).

Debemos saber que Cristo es, antes de que podamos confiarle nuestras almas. Hubo un hombre ciego a quien Jesús le hizo un pregunta, cuya respuesta fue muy sensata: "Jesús oyó que lo habían echado fuera; y cuando lo halló, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del Hombre? El respondió y dijo: Señor, ¿quién es, para que yo crea en él?" (Juan 9:35-36). Debemos saber que Dios es.

Mientras no tengamos conocimiento de la naturaleza de Dios y los términos del pacto estaremos llenos de temores infundados. Los temores crecen y se dan en la oscuridad.


El conocimiento de fe o
salvífico depende de dos cosas que no pueden engañarnos, la revelación de la Palabra de Dios, y la iluminación del Espíritu.

Toda clase de conocimiento espiritual no es suficiente para la fe, sino el sano y verdadero conocimiento. La Biblia enseña acerca de una forma de conocimiento y una forma de piedad. La luz de la luna alumbra, pero no calienta. La luz de la fe es obrada por el Espíritu de Dios y además es transformadora.


Obrada por el Espíritu. Puede haber conocimiento que nos llega por medio del mero sermón o los libros, que en verdad brillan mucho en la mente, pero es luz débil y borrosa. Brilla con la luz de otros hombres: "Ellos decían a la mujer: Ya no creemos a causa de la palabra tuya, porque nosotros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo" (Juan 4:42).

Hay enseñanza de los hombres y hay otra de Dios usando los hombres como simple instrumento.

La luz del Espíritu es de otro material, la humana no es escrita en el corazón como la de Dios, sino solo reportada al oído: "Pondré mis leyes en la mente de ellos y en sus corazones las inscribiré" (Hebreos 8:10). La verdad es escrita por el dedo del Espíritu, la otra es reportada por los hombres.

No es lo mismo ver a Dios y las cosas de Dios en la luz del Espíritu que verlo por el reporte de los hombres. Hay gran diferencia en conocer países por el mapa y libros, que conocerlos en propia experiencia.


Luz transformadora. Es luz verdadera la que sujeta nuestras codicias y purifica el corazón. El conocimiento del incrédulo es luz, pero sin fuego; puede dirigir, pero no persuade a la obediencia sincera: "En esto sabemos que nosotros le hemos conocido: en que guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco y no guarda sus mandamientos es mentiroso, y la verdad no está en él" (1Juan 2:3-4;
Colosenses 3:10).

La luz que no trasforma es mera inactividad. En el Paraíso hubo un árbol de vida y uno de conocimiento, muchos prueban el árbol del conocimiento, pero no el de vida. La seguridad del amor de Dios y de la salvación de tu alma depende mucho del conocimiento espiritual.


Hermano amado, te rogamos tomar estas palabras como exhortación a esforzarte en obtener más conocimiento de Dios y del Señor Jesucristo.
Es posible que una persona tenga buen conocimiento y aun así, Dios le atribule para probarle o humillarle. Lo usual es que los creyentes con mucha ignorancia se llenan de escrúpulos, de temores infundados que deprimen y paralizan innecesariamente, cuando bien pueden evitarlo, porque la luz desvanece los temores como el sol disipa la niebla.


Amén.

P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org

viernes, 10 de septiembre de 2010

Etica piqui piqui

La de cualquiera que se dedica a preguntas quisquillosas como, por ejemplo, si fue correcto que Rahab le mintiera a la policía de Jericó y así por el estilo.
Cuán trágico es que se pierdan en discusiones como éstas, sin llegar a alcanzar la verdad de Rahab (Josué 2:8-13).

Naturalmente, el Nuevo Testamento no cae en esta clase de trampa. De modo consistente enfatiza la fe de Rahab (Hebreos 11:31; Santiago 2:25).

Joshua. No falling words.
DR Davis, pp26

Meditación del 10 de Septiembre

"Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese" (Juan 17:4).

Este versículo es parte de la oración sacerdotal de nuestro Salvador, hecha horas antes de Su muerte. Es notable que el Señor Jesús, por Su fidelidad y pureza, camina hacia este sacrificio de forma confiada, de donde aprendemos que para morir bien, antes debemos vivir bien, o que para morir consolados y en paz, hemos de tener como nuestro mayor cuidado en glorificar a Dios mientras estamos sobre la tierra.


¿Cómo glorificar a Dios en todo?

En relación con las criaturas la gloria de Dios tiene dos aspectos: Por un lado es pasiva, o que Dios se glorifica a Sí mismo sobre ellas, es activa cuando la criatura de forma consciente y voluntaria busca honrar la Palabra del Señor. Como ejemplo de gloria pasiva: "Ciertamente la ira del hombre te glorificará" (Salmo 76:10).

Faraón fue levantado para mostrar la gloria de Dios; tal como el poder y valor de un gobernante se manifiesta en la rebelión de los súbditos, y la destreza de un médico por lo grave de una enfermedad. Tal manera de glorificar sólo glorifica a Dios, pero no beneficia al hombre.

La gloria activa, en cambio, es cuando nos entregamos de corazón a hacer lo que Dios manda para que El sea magnificado y tenido en cuenta entre los hombres: "El que sacrifica alabanza me honrara" (Salmo 50:23). Las alabanzas o el reconocerle en público como en privado son una forma de dar gloria. Las cosas en la creación manifiestan el poder y la deidad del Creador, pero nosotros como criaturas racionales y redimidas podemos hacer más que eso, podemos hablarla, cantarla y explicarla a otros hombres como una invitación a que hagan lo mismo: "Te alaben, oh Jehová, todas tus obras; Y tus santos te bendigan" (Salmo 145:10).

También, cuando sujetamos nuestra voluntad a la Suya, porque nuestras obras glorifican más al Señor que nuestras palabras: "Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, para que el nombre, de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo" (2Tesalonicenses 1:11-12).


Muchos podrán hablar buenas cosas de Dios, pero si sus corazones no están sujetos a Él entonces honran a Dios con sus alabanzas pero le deshonran con sus vidas.

Dios es muy glorificado en la obediencia de las personas. También le glorificamos cuando estudiamos cómo agradarle: "Para que andéis como es digno del Señor, a fin de agradarle en todo; de manera que produzcáis fruto en toda buena obra y que crezcáis en el conocimiento de Dios" (Colosenses 1:10).

Es una honra para el maestro cuando sus alumnos se esfuerzan en complacerle.


En la providencia podemos glorificarle, por ejemplo cuando preferimos Su gloria a nuestra comodidad, Su honra que nuestra complacencia.

Así fue con Cristo: "Ahora está turbada mi alma. ¿Qué diré: Padre, sálvame de esta hora? ¡Al contrario, para esto he llegado a esta hora! Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: ¡Ya lo he glorificado y lo glorificaré otra vez!" (Juan 12:27-28).

Los hijos de Dios deben tener siempre presente que están para anunciar las virtudes de Cristo en este mundo, y así como hay empresas que anuncian sus productos entre los clientes por medio de los comerciales de TV, del mismo modo los creyentes: "Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable" (1Pedro 2:9).

La vida de un Cristiano fiel es un himno viviente a Dios.


Quiera el Señor darnos Su bendición y que cuando lleguemos al final de la jornada, a la hora de la muerte, podamos decir sin fingimiento como dijo el apóstol:

"Porque nuestro motivo de gloria es este: el testimonio de nuestra conciencia de que nos hemos conducido en el mundo (y especialmente ante vosotros), con sencillez y la sinceridad que proviene de Dios, y no en sabiduría humana, sino en la gracia de Dios" (2Corintios 1:12).


Amén.

P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org