viernes, 10 de abril de 2009

64. LOS INSTITUTOS DE CALVINO

Las personas incrédulas suelen poner la barra alta cuando arguyen con Dios y colocan la barra en baja cuando se trata de vivir sus vidas.

¿Es Dios injusto al visitar la iniquidad de generaciones sucesivas? Al contrario –dice Calvino- todos somos seres humanos responsables y somos castigados por nuestras propias ofensas.
Observa como lo establece plenamente: “ellos perecieron a causa de su propia iniquidad, no por algún trato injusto de parte de Dios… tampoco va de acuerdo a la justicia de Dios que un hijo recto pague la penalidad de un padre malvado, y no es esta la implicación del tratado presente…” (II.8.20).

Observe también la abundancia contrastante de la misericordia divina: ¡Dios recuerda al fiel hasta por mil generaciones!No es sorpresa entonces que Calvino se deslize hacia el tercer mandamiento. A la luz del favor, ¿quién trataría con ligereza el nombre de Dios? Más bien hemos de honrarle grandemente.
Este mandamiento aplica a nuestros pensamientos así como a nuestras palabras, y nos ordena tres cosas: 1) “saborear” la excelencia de Dios [¡suficiente!]; 2) honrar la Palabra de Dios y sus ordenanzas; 3) alabar todas sus obras.

Qué maravillosamente simple es la vida que agrada a Dios.

¿Acaso prohibe prestar juramento la exposición hecha por nuestro Señor sobre este mandato? (Como muchos de los anabaptistas contemporáneos de Calvino y muchos cuáqueros argüían). Todo lo contrario –dice Calvino otra vez- recordemos la intención del mandato.
Lo que se prohibe es el uso vano del nombre de Dios. En palabras de Jesús, “no jurarás por nada”, el “por nada” se refiere a las formas de juramentos que siguen, no al principio sancionado por Dios de llamarlo a testificar en pro de la integridad de uno.
En general, los juramentos públicos son seguros; pero la sencillez en Cristo ¡no se deja arrastrar por la “sofisticación astuta”!

Blog 64: 2.8.20 - 2.8.27SINCLAIR FERGUSON http://www.reformation21.org/calvin/2009/04/blog-64-2820-2827.php

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