sábado, 21 de agosto de 2010

Meditación del 21 de Agosto

"Cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido" (Santiago 1:14).


En la vida de cada creyente hay trampas y tentaciones del mundo, y también la inclinación al peligro en la parte tentada. Esto es, que Satanás no necesita soplar mucho la llama puesto que la gasolina siempre está presta a incendiarse: "El espíritu, a la verdad, está dispuesto; pero la carne es débil" (Mateo 26:41).

Satanás nunca podría entrar a tentarnos si dentro de nosotros mismos no le abrimos la puerta para entrar.


Los peligros a que estamos expuestos indican el por qué Jesús ora al Padre por los suyos: No seremos aguardados a menos que Dios mismo nos guarde: "Padre, no ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal" (
Juan 17:15).

Cristo nunca hubiese hecho una petición semejante si hubiésemos sido capaces de guardarnos a nosotros mismos. El establecimiento y preservación del creyente del mal del pecado está entre las bendiciones del Pacto de la Gracia: "Pero fiel es el Señor, que os establecerá y os guardará del mal" (2Tesalonicenses 3:3).

Pablo experimentó muchos y variados peligros, pudo haber llegado a pensar que en alguno fracasaría, por el contrario apeló en su corazón a la fidelidad del Señor: "Por esta razón padezco estas cosas, pero no me avergüenzo; porque yo sé a quien he creído, y estoy convencido de que él es poderoso para guardar mi depósito para aquel día" (2Timoteo 1:12).

Y en otro lugar nos dice que Dios es muy sabio para hacerlo de la forma mas conveniente: "El Señor sabe rescatar de la prueba a los piadosos" (2Pedro 2:9).

Por eso los santos se definen porque son dependientes del Señor en todo.

La dependencia no solo es señal de fe sino también de humildad y sobre todo de reconocer nuestra debilidad. El creyente podrá ser tragado por el gran pez y sentirse devorado por las fauces de este mundo impío, pero aún cuando eso suceda, tarde o temprano el pez nos vomitará en la playa sanos y salvos: "Jehová guarda la vida de sus fieles; los libra de manos de los impíos" (Salmo 97:10).


En conclusión: nuestras oraciones deben ser para ser librados del mundo así como del mal del mundo, más del pecado que de las aflicciones. Los santos buscan más gracia del cielo que ser protegidos de aflicciones terrenales, buscan dirección tanto como protección, es decir no hacer nada incorrecto mientras se encuentran sufriendo: "Pon,
oh Jehová, guardia a mi boca; guarda la puerta de mis labios. No dejes que mi corazón se incline a cosa mala, para hacer obras perversas con los hombres que obran iniquidad. No coma yo de sus manjares" (Salmo 141:3-4).


La diferencia entre un verdadero creyente y uno falso no es tanto los sufrimientos, sino la gracia de Cristo gobernando el corazón, que mientras estén en adversidad puedan mejorar la fe.

Pablo fue diligente para ser librado de su problema, pero una voz de arriba le dijo: "Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad" (2Corintios 12:9). Solo la predicación que viene del cielo capacita a un santo a gozarse en la debilidad.

Las bendiciones compradas por Cristo para Su pueblo son más espirituales que materiales. Por ello El es más solícito en librarnos del pecado que de las dificultades: "Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21)


Cristo es Salvador espiritual, quienes le pertenecen manifestarán la salvación en sus vidas haciendo Su voluntad contra el pecado, sin enredarse en puras actividades religiosas: "No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: ¡Señor, Señor! ¿No profetizamos en tu nombre? ¿En tu nombre no echamos demonios? ¿Y en tu nombre no hicimos muchas obras poderosas? Entonces yo les declararé: Nunca os he conocido. ¡Apartaos de mí, obradores de maldad!"
(Mateo 7:21-23).

Esto nos ayude a cómo orar mejor.


Amén.

P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org

viernes, 20 de agosto de 2010

Adolescentes.7

FE Y COMUNICACION

Mi esposa y yo visitamos Israel hace algunos años. Heather, nuestra hija de veintitantos años, nos recogió en el aeropuerto cuando regresamos al país. Tenía una agenda planificada.

Mientras estuvimos en Israel, un hombre joven le expresó su interés y quería conocernos y contar con nuestra bendición. Después que pasaron los efectos del cambio de horario de un viaje tan prolongado, me reuní con ellos durante tres horas y les hablé de cómo estructurar su relación de manera que honrasen a Dios. Luego oré por ellos. Derramé mi alma a Dios por ellos, expresando todas mis preocupaciones y aspiraciones espirituales por ellos. Lo hice delante de ellos con todo propósito. Quería que me escucharan orar.

Tus hijos necesitan oírte orar por ellos. Muestra tu fe. Permite que tu fe hable en voz alta.


Algunos dirán “se supone que no debes orar para ser escuchado por los hombres; no seas hipócrita, no hagas espectáculos de religiosidad.”

Pero Jesús oró frente a la tumba de Lázaro: “Padre, Yo sé que tú sabes todas las cosas, pero oro estas cosas por causa de aquellos que están conmigo, para que crean.”

Oró de tal modo que engendrara fe en Sus discípulos.

Tus adolescentes necesitan escuchar tus oraciones por ellos.


Pensamos, “¿cómo puedo hallar la gracia y fortaleza para hacer todo esto?” La Escritura nos enseña cómo y dónde.

“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1:3-4).


Permíteme alentarte. Gracia, fortaleza, visión, energía, valor, para hacer todas las cosas que Dios nos ha llamado a hacer -incluyendo la tarea de ser padres- nos han sido dadas en Cristo. Es mucho más que una promesa.

Es el establecimiento de un hecho. La realidad en que vivimos es que en Cristo se nos ha dado todo lo que necesitemos para ejecutar la tarea.

Algo que sucedió en el pasado tiene efecto continuo en el presente: gracia y fortaleza, aliento, energía, visión, sabiduría, capacidad, todo lo que necesitemos para vivir y para santidad se nos ha dado mediante El quien nos llamó.

Nuestra confianza en poder hacer lo que Dios nos ha llamado a hacer no se encuentra dentro de nosotros mismos. Si miramos hacia adentro hallaremos copas vacías. En Cristo hay gracia y fortaleza y capacidad para poder hacer lo que Dios nos ha llamado a hacer.

Quiera el Señor bendecirte y fortalecerte en tu familia.


Tedd Tripp is Senior Pastor of Grace Fellowship Church in Hazleton, Pennsylvania.

This article appeared in Journal of Biblical Counseling, Volume 23 Number 3, Summer 2005.

© 2005, 2010 - The Christian Counseling and Educational Foundation.

http://www.ccef.org/communicate-teens

Meditación del 20 de Agosto

"¡Cuánto más la sangre de Cristo, quien mediante el Espíritu eterno se ofreció a si mismo sin mancha a Dios, limpiará nuestras conciencias de las obras muertas para servir al Dios vivo!" (Hebreos 9:14).


Solo y únicamente la sangre de Cristo es el precio equivalente a la remisión de pecados, porque Su sangre fue sangre de hombre inocente y sin mancha.

El no tuvo deudas con nadie: "La sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación" (1Pedro 1:19). Pero también sangre de infinito valor y dignidad, pues es sangre de Dios: "La iglesia del Señor, la cual adquirió para si mediante su propia sangre" (Hechos 20:28).


El pecado tiene un precio tan alto que la justicia divina envía los pecadores condenados a tormento eterno en el infierno y nunca más saldrán de allí. Solo Cristo podía pagar ese precio, o saldar la deuda de los pecadores creyentes: "Porque con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los santificados" (
Hebreos 10:14). Se santifico a Si mismo, se ofreció voluntariamente como sacrificio por nuestros pecados.


Ningún ser creado podía pagar, pues el hombre debía ser sin pecado y además quedarse por siempre en prisión por los redimidos. Cristo no sólo fue inocente sino que también hábil para dar satisfacción al requerimiento de la justicia divina, borrando la culpa pendiente y nuestro total descargo de la Ley: "El castigo que nos trajo paz fue sobre el, y por sus heridas fuimos nosotros sanados... Según la ley casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón" (Isaías 53:5
;Hebreos 9:22).


Por tanto, Dios ha manifestado las riquezas de Su gracia en la remisión de nuestros pecados: "La gracia de nuestro Señor fue mas que abundante con la fe y el amor que hay en Cristo Jesús" (1Timoteo 1:14).

Cristo es el comprador de la misericordia de las misericordias, porque no hay favor más dulce a un condenado que el perdón de su culpa y librarlo del castigo por su maldad.

La misma Palabra de Dios así lo declara pues cuando Moisés pidió a Dios que le mostrara todo Su bien, la respuesta divina fue: "Yo haré pasar toda mi bondad delante de ti y proclamaré delante de ti el nombre de Jehová. Tendré misericordia del que tendré misericordia y me compadeceré del que me compadeceré" (Exodo 33:19). Todo el bien del Altísimo se manifiesta en el perdón de pecados, y si agregamos la manera en que fue hecho, entonces las riquezas de Su gracia se hacen mas evidentes: "En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados, según las riquezas de su gracia" (Efesios 1:7).

Es aquí, y no en otra cosa, donde el amor de Dios se manifiesta: "Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos 5:8). Sólo y únicamente los creyentes han experimentado el amor de Dios y sólo El podía hacer triunfar la justicia y la misericordia al mismo tiempo. Una carrera entre dos opuestos y ganaron los dos.


Esta gracia brilla más porque además de abarcar a muchos, algunos fueron sacados de la más profunda miseria y pecaminosidad y llevados a la gloria: "Fiel es esta palabra y digna de toda aceptación: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero" (1Timoteo 1:15).

Eran perseguidores, asesinos, bandoleros, inmorales...

La gracia se extiende a todo tipo de pecados: secretos, escandalosos, grandes y pequeños, voluntarios o involuntarios: "Oh Israel, pon tu esperanza en Jehová, porque en Jehová hay misericordia, y en él hay abundante redención. El redimirá a Israel de todos sus pecados" (Salmo 130:7-8).


Como la gracia redime todo pecado sin excepción, el perdón otorgado es irrevocable. Ninguna falta será tan grande como los pecados cometidos antes, pues pecaba como impío, rebelde y enemigo de Dios. Ahora, en cambio, el pecador perdonado será tratado como hijo, será castigado, pero no para destrucción sino para corrección: "Porque si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, cuánto más, ya reconciliados, seremos salvos por su vida" (
Romanos 5:10).

Es cierto que el pecador creyente tiene el pecado delante de sus ojos, experimenta un sentido constante de la maldad de su corazón, pero Dios lo ha tomado y echado tras Sus espaldas, no los ve, nunca más recordará para acusarnos.


El pecado se comete contra Dios, pero si El no acusa entonces nadie más tiene derecho de hacerlo. Hay algunos que se atreven ha acusar, pero no tienen derecho. Lo hagan o no con derecho, aun así tenemos una respuesta que cierra la boca a nuestros acusadores: Que Cristo se hizo responsable de nuestros pecados. Pagó por ellos: "En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados, según las riquezas de su gracia" (Efesios 1:7).

Amén.

P.Oscar Arocha; www.ibgracia.org

jueves, 19 de agosto de 2010

Adolescentes.6

PECADO Y COMUNICACION

Comunicarse con adolescentes a menudo implica reglas, correcciones y disciplina. Reglas se refiere a expectativas, lo que está permitido y lo que no.

Corrección es cuando señalamos alguna falla para mantener las reglas.

Disciplina es asegurar el pago de las consecuencias por no mantener las reglas.


Todo esto es excelente. Necesitamos que existan reglas, correcciones y disciplina en nuestras familias. Pero hay otras dimensiones de la comunicación que también son necesarias para involucrarnos con adolescentes.

Necesitan aliento. Cuando caen, necesitan saber que Dios es misericordioso con el pecador. Volverlos hacia Dios, no alejarlos de él.

Necesitan saber que Dios está cerca del quebrantado de corazón y salva a los de espíritu quebrantado.

Necesitan el estímulo de saber que donde hayan fallado en el pasado ahora pueden conocer gracia y ayuda y fortaleza.

Necesitan corrección. Algunas veces tenemos que bajar la plomada de la Escritura y decir “esta es la vertical. Esto es lo que Dios dice es correcto. Y en este momento tú no estás siendo vertical. Necesitas ser devuelto en coherencia con la posición de Dios.” Nuestros hijos necesitan la función correctora de la Palabra de Dios.


Algunas veces ameritan reprensión.

“Jovencito, hay límites de lenguaje en esta familia, uno no desea la muerte de nadie, mucho menos de su hermano o hermana. Es malo, malvado y reprensible incluso pensarlo!”

Ahora bien, no puedes pasarte la vida reprendiendo, llegará un momento que perderás significado. Pablo expresa que “amonestéis a los ociosos, alentéis a los de poco ánimo, sostengáis a los débiles, pacientes para con todo” (1 Tesalonicences 5:14).

Observa que cada condición requiere un estilo de comunicación diferente:

El ocioso requiere advertencia.

El tímido requiere aliento.

El débil requiere ayuda

Si ayudas al ocioso, lo inflas en su ociosidad. Necesita amonestación.

Si amonestas al tímido, lo desbaratas. Necesita ser alentado.


Tenemos que discernir las necesidades de comunicación del momento. ¿Necesita corrección? ¿Amonestación? ¿Estímulo? Procura no ser culpable de monologizar o tener una sola forma de hablar con tus hijos.

Algunas veces necesitan advertencias. Necesitan súplicas y clamores pero no de un pedigüeño sino los ruegos y el clamor de una padre que entiende la intensidad del momento y desnuda su alma, suplicando a sus hijos que anden en caminos de sabiduría.


Cuando eran jovencitos, rogué a mis hijos y les advertí sobre los peligros de la pornografía porque sabía que eventualmente serían confrontados con ello. Quise que tuvieran las convicciones en su lugar antes de que ocurriera el hecho.

¿Qué pasó? Uno de nuestros hijos, Aarón, se convirtió en cruzado contra la pornografía. Incluso dentro del colegio cristiano, los varones veían basura en sus televisores y vídeos. Aarón les reprendía y se iba. La Escritura dice “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Efesios 5:11).

Si hubieran más cristianos reprendiendo las obras sin fruto de las tinieblas, quizás los malvados no presumirían tan abiertamente como lo hacen en nuestra cultura.


Aarón se casó con Danielle, su amiga de iglesia de muchos años. Antes de la boda, las damas de la iglesia organizaron una fiesta donde Aarón hizo acto presencial al final. Una de ellas -emocionada- le dijo a la novia que abrazara su futuro esposo. Ella respondió que no podía. No podía porque ambos habían hecho pacto de no abrazarse sino hasta después de casados. Entendían el funcionamiento de sus cuerpos y no querían ser arrastrados. Así que decidieron no abrazarse. Nosotros dimos gracias que hubieran hecho esa clase de pactos.


Nuestros hijos necesitan instrucción. Las jóvenes visten de modo inmodesto incluso en iglesias cristianas, mostrando mucho más de lo que debieran. Las adolescentes creen que a los muchachos les gusta cuando lucen seductoras. No se dan cuenta que la atención que obtienen es degradante, no de admiración. Las jóvenes necesitan ser instruidas de cómo funcionan los varones. Los jóvenes necesitan instrucción sobre las chicas.

Necesitamos enseñar a unos y otros los caminos y la verdad de Dios.

Necesitamos orar por ellos y con ellos.


Tedd Tripp is Senior Pastor of Grace Fellowship Church in Hazleton, Pennsylvania.

This article appeared in Journal of Biblical Counseling, Volume 23 Number 3, Summer 2005.

© 2005, 2010 - The Christian Counseling and Educational Foundation.

http://www.ccef.org/communicate-teens

miércoles, 18 de agosto de 2010

Adolescentes.5

PERTENECIENDO Y COMUNICANDO

Necesitamos crear un fuerte sentido de pertenencia. Necesitamos hogares que sean lugares de refugio donde nuestros hijos tienen aceptación garantizada, donde los abrazamos, estimulamos, interactuamos con ellos. No podemos permitir que obtengan sentido de identidad de otras personas o de lugares fuera del hogar.


Necesitamos organizar la vida y tener tiempo para nuestros hijos en sus años de adolescencia. Es tiempo que pasará volando. No te permitas estar tan ocupado con tus propias búsquedas que no tengas tiempo para estar y conectarte con tus hijos.


Un verano decidimos vacacionar en bicicleta. En total rodamos 650 millas ida y vuelta. Cargamos con tiendas, sacos de dormir, todo lo necesario, en nuestras bicicletas. Rodábamos unas 50 a 80 millas cada día. Y cada noche, antes de retirarse a dormir, cada quien escribía en un diario las ocurrencias de la jornada. Cuando regresamos a casa, leímos los diarios, un día a la vez, después de nuestro tiempo de adoración familiar. Cada cosa que ellos escribieron fue recordatorio de lo especial que fue ese verano. Lo llamaron la gran aventura. Y fue una gran aventura familiar.


Si hemos de crear este sentido de pertenencia, necesitamos establecer comunicación. La mayoría piensa que comunicar se refiere a la capacidad de expresar ideas con palabras. Pero el fino arte de la comunicación es ser capaz de obtener las ideas de otra persona. “No toma placer el necio en la inteligencia, sino en que su corazón se descubra” (Proverbios 18:2).

¿Cuántas veces hemos sido necios en nuestras conversaciones? Hallamos placer en proclamar nuestra propia opinión más que en entender a la otra persona.


Una noche tuve una conversación con uno de mis hijos que me dejó corto. Yo tenía algo qué decirle. Fui a su habitación y sin más le solté lo que había. Luego dije “ahora voy a orar por ti, me alegro que tengamos la oportunidad de hablar juntos; luego me iré a dormir.” Oré por él. Me fui a mi habitación. Unos minutos después él tocó la puerta: “Papá, sólo quiero decirte que cuando saliste de mi cuarto dijiste que estabas contento de que habláramos. Sólo quiero decirte que yo no hablé ni una palabra.” En ese momento caí en cuenta. Dije “perdóname, yo hice la charla, tú supiste escuchar.” El me contestó “sí, algo así.” "Hijo -continué- ¿si hubieras podido, qué me habrías dicho?” “No sé -fue su respuesta. Ya no importa. Sólo quería decirte que yo no hablé.”


Comunicarse con adolescentes no será fácil siempre. Hay que trabajar duro para hacerlo bien. Yo fui un necio esa noche. Pude haber dicho todo lo que tenía en un contexto de participación, pero en lugar de ello simplemente saqué de mi pecho lo que tenía lo más rápido posible para irme a la cama. No fui cruel o abusivo, pero sí un necio. Le recité un monólogo en lugar de establecer un diálogo.


“Al que responde palabra antes de oír, le es fatuidad y oprobio” (Proverbios 18:13).

¿Cuántas veces hemos caído en esto?

Le decimos al muchacho: “Ya sé lo que vas a preguntar. La respuesta es ‘No!”

-“Pero Papá, ni siquiera he hecho la pregunta”

-”No tienes qué hacerla! ‘antes que la palabra esté en tu lengua, ya la sabes toda’ ¿no dice eso la Biblia?”


¿Saben algo? Luego de conversaciones así ninguno de nuestros hijos piensa “¡wow! qué bueno es tener un papá lector de mente! Debiera jugar béisbol conmigo”

La realidad es que el muchacho se siente alienado, como si no fuera capaz nunca de alcanzar o romper la barrera con sus padres.

Un hogar así es un sitio muy peligroso.

Haz lo opuesto con tus hijos. Abre canales de comunicación. Abre puertas de interacción. “Como aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre; mas el hombre entendido lo alcanzará” (Proverbios 20:5). Algunas veces parecerán vacíos, pero los adolescentes poseen aguas profundas también. Aprende a rescatarlos.


Margy provee consejería a una mujer joven cuya familia no se interesa en conversar. No intentamos substituir a nadie, tan sólo proveer ayuda para comunicarse. Mientras tanto, Margy lo que hace es pedirle a esta joven que piense en algunas preguntas antes de su encuentro semanal. De modo que la joven regresa a su casa y escribe páginas increíblemente profundas, de análisis sobre sí misma y su familia. Hay aguas profundas en esta jovencita, pero sus padres no han sido capaces de sacarla de ahí.

Haz preguntas no enjuiciadoras que inviten a conversar e interactuar.


Es como en la Encarnación. Lo que Dios hace en ella es asombroso. Pudo haberse quedado en los cielos y hablarnos en nubes, truenos, fuegos y relámpagos. En lugar de ello vino y se involucró con nosotros. Tomó forma de hombre, carne como nuestra carne. Vivió en un cuerpo como el nuestro, con las mismas limitaciones que tenemos. Experimentó lo mismo que nosotros. Hambre y sed y cansancio como en el pozo de Jacob en Juan 4. Lloró frente a la tumba de Lázaro. Fue tentado -dice Hebreos- igual que nosotros, pero sin pecado. Por eso dice “Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:18).

En un sentido, la capacidad de Cristo para entender y ayudarnos está ligada al hecho de su experiencia de vida tal como nosotros la vivimos. Vió al mundo a través de nuestros ojos. Más todavía, hizo muchas preguntas (docenas de ellas, registradas en la Escritura). Y escuchó y respondió las preguntas de muchos (de nuevo, docenas). No pontificó. Interactuó. Se encontró con la gente donde ella estaba.


Hagamos lo mismo con nuestros adolescentes. Seamos capaces de entender a ese joven que piensa es atractivo llenarse el cuerpo de aretes. Hemos de ser capaces de ver su mundo a través de los ojos suyos si queremos aprender a saber cómo hablarle verdades que necesita escuchar. La encarnación es una maravillosa ilustración. Uno cuyo amor es infinito vino y nos entendió. Esto es lo que necesitamos hacer con nuestros hijos.


Imagina que tu hijo de 13 años necesita un nuevo par de tenis. Fuiste a varias zapaterías y viste cada par de zapatos de todas las tiendas. El se prueba otro par. Tú dices “creo que están bien”. El los mira, reflexiona “bueno, parece que están bien.” De inmediato le dices al vendedor “Me los llevo.”

Al día siguiente, tu hijo se pone los zapatos que no le gustan y se siente miserable.

Le dirías algo semejante -”¿por qué te importa tanto cómo se ven? ¡de todos modos pronto estarán irreconocibles! ¿qué dirán tus amigos si te ven llorando por unos tenis? ¡esos zapatos son carísimos! ¿qué, son expertos en la escuela? ¡cállate y pónte los zapatos!.”


¿Te comunicaste? ¿Piensas que tu hijo sentirá gratitud hacia ti por haberle comprado los zapatos? ¡Ni en sueños!

Sea lo que pase más adelante, ten por seguro que tú no formarás parte. Te deslizaste fuera de su vida. Quizás vaya con sus otros hermanos en auto compasión. Quizás vaya con sus amigos y comente “los estúpidos zapatos que mi papá me compró! odio esos zapatos, ¡es tan estúpido! Sea lo que haga, ten por seguro que tú no formarás parte.


¿Acaso la Biblia habla sobre esta clase de cosas? Sí, lo hace. Pero no lo hallarás bajo la palabra ‘zapatos’ en la concordancia. La Biblia habla de nuestro sentido de identidad y de cómo se relaciona con Dios. “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Mi identidad descansa en la realidad de haber sido traído a una relación con el Dios viviente mediante Jesucristo, quien habita en mí. No porque tenga zapatos que le gustan a mis amigos.

Ayuda a tus hijos a desarrollar un sentido de identidad enraizado en cosas que nunca cambian -inmutables-, como relacionarse con el Dios viviente. ¿Crees que los adolescentes pueden hacerlo? ¡Sí pueden!


Una vez tuvimos un retiro de preparación para el nuevo año escolar. Nuestro hijo mayor tenía quince años. Mi hermano Paul enseñó sobre ser completos en Cristo (Colosenses 2:9).

Adelanta ahora seis años.

Vamos manejando en la carretera. Mi hijo acaba de terminar la universidad. De la nada, surge el pensamiento: “Papá, ¿te acuerdas de aquel retiro cuando tío Paul nos habló de ser completos en Cristo?” -”Sí, me acuerdo”. “Sabes, esos mensajes me ayudaron en todo el bachillerato y la universidad.”

¿Puede un adolescente amarrarse a estas cosas? ¡Sí!.


El incidente del zapato podría ser una oportunidad para hablar de estas cosas. ¿Cómo tomas ventaja de la oportunidad? Puedes rescatarlo de aguas profundas.

-”estás molesto por los zapatos, ¿verdad?”

-”sí...”

-”mmm, me dí cuenta anoche que no te gustaron mucho cuando los compramos, pero no quisiste decírmelo, ¿es así?”

-”sí...”

-”¿qué es lo que no te gusta?”

-”pues se ven feos, Carlos compró unos así y Juan se burló porque dijo que parecían tortas”

-”ya veo. ¿tienes miedo de que los otros se burlen hoy de ti?”

-”sí...”


¿Qué estás aprendiendo? En el mundo que este muchacho habita, hoy, ahora mismo, sus zapatos son la cosa más importante del mundo. Es como si dijera “cuando entre a la escuela todo el mundo va a decir ‘tortas, tortas,tortas’.”

Por supuesto que su percepción está fuera de proporción con la realidad. Pero si no entiendes su lucha perderás la oportunidad de hablar verdad de la manera como él necesita escucharla. Quiero que mi hijo comprenda que la vida y mi sentido de satisfacción como persona no depende del tipo de zapatos. Está enraizada en mi inmutable relación con Dios mediante Jesucristo.


Tedd Tripp is Senior Pastor of Grace Fellowship Church in Hazleton, Pennsylvania.

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© 2005, 2010 - The Christian Counseling and Educational Foundation.

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martes, 17 de agosto de 2010

Adolescentes.4

  1. Disociación de los Malvados

“Hijo mío, si los pecadores te quisieran engañar, no consientas (Proverbios 1:10).


Nuestros jóvenes enfrentarán engaños de pecadores. Gentes malvadas tratarán de alejarles y llevarlos a toda clase de mal: abandono sexual y perversión, uso de drogas, falta de respeto a las autoridades, manejo descuidado de vehículos, mentiras, y más.

Necesitamos preparar a nuestros hijos, que sepan reconocer y responder a tal peligro.

Crea escenas, pregunta “¿Cómo escapas de una conversación a todas luces peligrosa? ¿Cómo le dices a tus amigos que no, o te sales del carro si te das cuenta que se dirigen a lugares o a hacer cosas en las que no debieras participar? ¿Cómo escapas de situaciones así y dices ‘déjenme aquí. Voy a llamar a mis papás. Me iré en taxi. Los veré después.”

Ayuda a tus hijos a desarrollar convicciones y estrategias que puedan usar para salir de situaciones peligrosas.


Ojo: no se trata de viejos hombres o mujeres malvados en abrigos raídos. Serán los mismos jóvenes de su propia generación: jóvenes que visitan tu casa y te dicen Don Fulano o Doñita. Jóvenes de la misma escuela cristiana o del mismo grupo escolar de tarea o del mismo equipo deportivo o del mismo vecindario. Crees que la mayoría de estos adolescentes están bien. No asumas que siempre serás capaz de distinguir quién es de peligro para tus adolescentes.


En cierta ocasión, mi hermano Paul y su esposa viajaron un fin de semana. Hicieron arreglos para que sus hijos permanecieran con algunas familias de la iglesia. Su hijo mayor iría a la casa de su mejor amigo. Pero cuando llegó el viernes, tal parece que había una grieta en la planificación: los padres del mejor amigo también habían salido de viaje, de modo que el muchacho de la casa había invitado a otros amigos más. La casa entera en manos de adolescentes durante todo el fin de semana. Lo primero que habían hecho era alquilar unos cuantos vídeos pornográficos. Ahora bien, el hijo de Pablo ama al Señor. Les rogó a los amigos que no los pusieran. Por supuesto ninguno hizo caso.

Pablo preguntó a su hijo qué había hecho cuando los otros veían los vídeos. El dijo “me senté en la cocina y me comí un saco de papitas, cuando terminaron entonces me reuní con ellos.” Tuvo sabiduría para escapar de la situación. Necesitamos entrenar a nuestros hijos.


¿En qué consiste el engaño -la seducción- de estar con pecadores? ¿Qué ofrecen a tus adolescentes?

Estudia el pasaje.


Si dicen “ven con nosotros; pongamos acechanzas para derramar sangre, acechemos sin motivo al inocente; los tragaremos vivos como el Seol, y enteros, como los que caen en un abismo; hallaremos riquezas de toda clase, llenaremos nuestras casas de despojos; echa tu suerte entre nosotros; tengamos todos una bolsa.”

Hijo mío, no andes en camino con ellos. Aparta tu pie de sus veredas. (Proverbios 1:11-15)


¿Te das cuenta? Es camaradería. Es pertenecer al grupo. Es promesa de buenas cosas.

Necesitamos ofrecer una alternativa -hacer que nuestro hogar sea el lugar donde quieran estar. Abrir la puerta a sus amigos y entender e involucrarnos con sus intereses tanto como podamos.

Necesitamos momentos donde podamos también ser de influencia sobre los amigos. Hay tantos niños desplazados en la sociedad. ¡Ten la seguridad que vendrán muchos adolescentes a tu casa!

Cuando otros jóvenes visiten tu casa será inevitable que alguno patee una lata de refresco en tu sala o que otro suba los pies sobre la mesa. Romperán algunos adornos. ¿Qué diferencia hace esto? Algún día tus hijos llenarán un camión con tus cosas y tirarán tus “tesoros” a la basura. ¡Solo guardarán unas pocas cosas que les recuerden su niñez!

¿Cuál es la diferencia si tus cosas son usadas para el reino de Dios? Es un precio pequeño a pagar ante el privilegio de influir en tus adolescentes y sus amigos.


Más allá de nuestra casa hay una caída de agua. Cuando eran adolescentes, hacíamos antorchas de latas vacías, algunas sogas, un poco de keroseno y estopa y caminábamos hasta la cascada. Los niños se sentían héroes con antorchas. Durante muchos años dimos la bienvenida al año nuevo con un montón de adolescentes cerca de la cascada, tocando música, cantando, leyendo pasajes de la Escritura y discutiendo sobre ellos. Nunca estuvimos solos. Influimos en muchos más que nuestros propios adolescentes.


Temor a Dios, recordar las palabras de los padres, saber escoger amigos. ¿Para qué? ¿Qué atraerá esto?


Tedd Tripp is Senior Pastor of Grace Fellowship Church in Hazleton, Pennsylvania.

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© 2005, 2010 - The Christian Counseling and Educational Foundation.

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lunes, 16 de agosto de 2010

Adolescentes.3

TEMAS BASICOS

Proverbios 1 describe tres aspectos fundamentales para los años juveniles. Estudia Proverbios 1. Discute cada tema con tus adolescentes. Primero, porque la opinión de Dios importa de modo supremo. El mira y pesa lo que hacemos. Segundo, porque los hijos necesitan aprender a escuchar a sus padres y recordar las cosas sabias que dicen. Tercero, porque hemos de ser cuidadosos para elegir nuestros amigos.

1. El temor de Dios

El temor a Dios es el principio del conocimiento, pero los necios desprecian sabiduría y disciplina (Proverbios 1:7)

Dios nos ve y nos pesa. Aquí empieza la sabiduría. Vivimos en tiempos peligrosos. Hay multitud de carreras tontas. Y algunas veces la iglesia no puntualiza aquello que más necesitamos escuchar. Por ejemplo, el evangelismo moderno enfatiza la inmanencia de Dios (Dios está con nosotros). El es nuestro amigo. Pero esto debiera balancearse igualmente con la trascendencia de Dios: Dios es Dios Santo. El es Soberano. El es Dios de gloria. Hemos de adorarle en asombro y reverencia.

Necesitamos enfatizar la trascendencia de nuestro poderoso y majestuoso Dios a quien teme todo aquel que es sabio.


El evangelismo moderno se pierde en esto a menudo. En lugar de ser atraídos a la presencia de un Dios asombroso y glorioso, reducimos la adoración a un mero entretenimiento. En los últimos 50 años, en círculos evangélicos, hemos abandonado la riqueza del himnario que teníamos. En muchos casos ha sido reemplazado con parodias musicales que se pueden aplaudir y brincar, que carecen la profundidad, belleza y majestad del himnario de generaciones pasadas.

Forma parte del movimiento de lejanía al sentido de un Dios trascendente, quien es glorioso, majestuoso, santo, asombroso, maravilloso. Es moverse lejos de un Dios quien ha de ser temido, adorado, ante quien nos inclinamos.

Nuestros hijos necesitan esta verdad. Necesitan conocer al GRAN Dios que les ama.

El temor a Dios es el Paso #1 en el sendero de la sabiduría.


Mi esposa y yo fuimos bendecidos con tres hijos nacidos en un período de cinco años. Han crecido juntos. Cuando pequeños, les leíamos historias del Nuevo y Viejo Testamento. Cuando jovencitos, argumentadores de todo y de todos, leímos juntos las epístolas. Tomamos las cartas de Pablo por separado y discutíamos cada uno de sus finos razonamientos en la mesa de la cocina.

De adolescentes, leímos los profetas. ¿Cuál es el tema de los profetas? Juicio. La santidad de Dios. Un Dios puro y santo que no tolera el pecado, que no pasa por alto nada, que está dispuesto incluso a expulsar al pueblo escogido del Pacto fuera de la tierra prometida y preservar sólo un pequeño rebaño. Un Dios que no será burlado, y que no pasará por alto la maldad.

Noche tras noche, confrontamos escenas de juicio en nuestras lecturas. Algunas veces me cuestioné como padre: “¿estaré haciendo lo mejor?”. Una noche, sentados los cinco a la mesa, revisábamos uno de los momentos de santidad del pueblo judío previos a un terrible período de juicio. Uno de nuestros hijos soltó de repente lo siguiente: “Papá, en lugar de traer un letrero pegado en el carro que dice ‘Sonríe, Dios te ama’, debiéramos pegar otro que diga ‘Tiembla, Dios es fuego consumidor’.”

Lleno de verdad, ¿no es cierto? De hecho, el amor de Dios no puede entenderse si no tenemos conocimiento apropiado de la ira de un Dios santo.


¿Por qué Cristo colgado entre el cielo y la tierra clama “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” ¿Por qué Dios derramó su ira sobre Su Hijo?

Porque El es Santo. No puede pasar por alto el pecado. No hay modo de que nos acepte en Su cielo a menos que nuestro pecado sea justificado [en Cristo]. Dejó de mirar a Su Hijo para poder vernos a nosotros. No podemos entender la muerte de Cristo si no entendemos la ira de un Dios santo y entender algo del temor a Dios.

Tus adolescentes necesitan desesperadamente conocer el temor a Dios.

Por esto es tan importante mostrarles al Dios grande y glorioso de modo que ocupe el tamaño que El debiera tener en sus vidas -no como algo insignificante en la órbita tangencial de sus vidas, sino en el único lugar.

El temor a Dios es el principio de la sabiduría.

  1. Recuerda las palabras de tus Padres

Oye, mi hijo, la instrucción de tu padre y no deseches la enseñanza de tu madre. Porque collares de gracia serán para tu cabeza y adornos para tu cuello (Proverbios 1:8).


Salomón amplía la idea en Proverbios 6:20-24

“Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre; átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello. Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán; hablarán contigo cuando despiertes.

Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen, para que te guarden de la mala mujer.”


Urge a su hijo: “recuerda las palabras de tus padres.”

Durante esos años adolescentes necesitamos conectarnos con nuestros hijos, decirles cosas como “cariño, te quiero mucho; estamos comprometidos contigo. Por favor no permitas que estos años sean tiempos de lejanía.”

Ciertamente no tienen por qué ser así.

Necesitamos urgir a nuestros jóvenes a que vean la sabiduría de amarrarse a lo que Papá y Mamá han dicho y enseñado y a no distanciarse de ellos.


¿Acaso suena esto a egoísmo? Si tú no hablas así a tus hijos, ¿quién lo hará? ¡No nuestra cultura!

Tristemente hay hasta ministerios eclesiásticos de jóvenes que podrían alejar los hijos de sus hogares y familias. Margy -hija nuestra- fue con un grupo de jóvenes de la escuela cristiana a un gran congreso sobre liderazgo juvenil. El conferencista, un hombre joven, lo primero que dijo fue “quiero que todos los viejos salgan del salón. Los jóvenes no hablarán conmigo si ustedes están aquí.” De modo que todos los sabios y maduros adultos, con eones de experiencia, se levantaron y salieron del salón. Todos excepto Margy.

El conferencista debió levantarse y decir “jóvenes, miren a estos viejos que los han traído. Demos gracias a Dios por ellos. Se han sacrificado para que ustedes disfruten educación cristiana. Manejan los mismos viejos carros. Han ahorrado para ustedes. Demos gracias a Dios por ellos.”

En lugar de hablar así, ¿Cuál fue el mensaje? “saquemos a todos estos viejos de aquí porque no pueden entendernos.”

Este no es el mensaje que nuestros adolescentes necesitan oír.

Los ministerios de jóvenes necesitan enfocarse en tender puentes entre familia y hogar, y asegurarse que la familia y hogar caminen juntos en los senderos que deben andar.

Nuestros hijos necesitan ver la importancia de amarrarse a la guía y sabiduría de sus padres.


Tedd Tripp is Senior Pastor of Grace Fellowship Church in Hazleton, Pennsylvania.

This article appeared in Journal of Biblical Counseling, Volume 23 Number 3, Summer 2005.

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